No me gusta mi trabajo, la verdad es que el último que realmente me gustaba porque implicaba que no tenía que relacionarme con nadie directamente fue uno que dejé hace ya casi dos años. Era perfecto: podía ponerme a escuchar música mientras hacía mis investigaciones, sin tener que hablar con la gente, y solamente dedicarme a presentar los resultados a través de la plataforma o de terceros a quienes no conocía... no podía pedir nada más.
Nada salvo no tener el jefe directo tan idiota que tenía... pero ese es otro tema.
Realmente las actividades de los trabajos no son algo que me desagraden del todo, pero por lo general tiendo a ser muy susceptible a las relaciones con mis compañeros. Por lo general tiendo a mantenerme al margen, hablar cuando es necesario y presentar resultados nada más; no suelo hablar mucho de mi vida personal, he aprendido a no tener mucha confianza con algunas personas, pero al final de todo siempre hay cosas que me superan y comentarios que me sacan de quicio de tal manera que en verdad pienso en renunciar como única alternativa de liberación.
Hoy por hoy, trabajar me está destruyendo lentamente: a pesar de que siento empatar con los ideales de la empresa para la cual trabajo, a final de cuentas me percato de que no hay realmente ese compromiso por parte de los demás en cuanto al manejo de la compañía hacia sus fines establecidos: un día dicen una cosa, al siguiente día actúan bajo otra ideología, y sobre todo uno tiene que estar aguantando los malos tratos y los desplantes de los demás como si se tratara de un lujo estar en el puesto o en la empresa, como si me debiera sentir orgullosa por pertenecer al nuevo concepto de esclavo.
Trabajar me está quitando la vida: paso 11 horas de mi día encerrada en una oficina, personificando espléndidamente el concepto de "Godinez", redactando correos electrónicos que poco sentido tienen, haciendo actividades que no van a ser lo suficientemente productivas en algún momento. Durante 11 horas además tengo que estar cumpliendo con los mandatos de otros trabajadores, con los indicadores, con las actividades y, desde luego presentar resultados, mismos que se deben de alguna manera maquillar para que no me toque una regañada segura.
Trabajar me está destruyendo el autoestima mediante acciones obligadas que implican adjudicarme los errores de los demás como si fueran míos, simplemente porque las indicaciones no fueron comunicadas en tiempo y forma, o simplemente porque los errores fueron de otros pero por jerarquía me tengo que responsabilizar (aunque sea moralmente) de ellos. Me destruye la autoestima en el sentido de que las ideas aportadas difícilmente son tomadas en cuneta, pero después alguien se las apropia aunque no hayan salido de su mente; a veces, si esas ideas salen mal, entonces sí indican que fueron mías, de otro modo siguen siendo de alguien más. Me destruye la autoestima porque soy una persona que no facilite va a ceder ante las peticiones estúpidas de los demás, porque soy una persona que manifiesta si algo no le agrada y no de las que simplemente agacha la cabeza y hace lo que le piden; suelo a veces cuestionar las acciones de los demás, suelo a veces también negarme a hacer algunas actividades con causa justificada, y al parecer eso no es bien visto en las empresas.
Trabajar está terminando con la confianza con las demás personas ya que me doy cuenta que son muy pocas aquellas en quienes puedes confiar, y las hipócritas que manipulan la información bajo su propio interés son la gran mayoría. También me doy cuenta que lo mejor es jamás dar indicio alguno de lo que te molesta, porque siempre habrá alguien que estará al pendiente de cada una de tus acciones y se colgará de ellas para hacerte sentir mal en cualquier oportunidad que tenga.
No sé quien nos dijo que debíamos levantarnos temprano durante al menos 5 días a la semana, vestir formalmente, ostentar un título universitario, que nos digan "señor", "licenciada", que nos nombren jefe o supervisor solamente por alimentación del ego y esperar 6 días de vacaciones al año era motivo de orgullo y, encima, uno se debería sentir agradecido.
viernes, 5 de abril de 2019
viernes, 12 de enero de 2018
Royal Prestige
No entraré mucho en detalles de por qué fui a dar a esta pseudoempresa porque realmente no es algo intereante; lo que realmente importa es que sepan cómo fue mi experiencia AUNQUE (y enfatizo esta parte) sin generalizar y decir que todos piensan igual.
Tuve la "fortuna" de que se me ofreciera un puesto "gerencial", lo cual no es otra cosa más que un nivel más alto de una pirámide de ventas de sartenes hiper carísimos. De entrada te dicen que vas a tener a un grupo de personas a tu cargo, que vas a tener cierto porcentaje de ganancias de acuerdo a lo que los demás vendan y que también tienes una ganancia cuando alguien sube de nivel (Si: es un sistema piramidal aunque ellos no digan que así es). Te establecen también un sueldo fijo y dicen que eso es lo mínimo que vas a ganar de forma mensual.
Todo aparentemente bien, todo parece ser "bonito".
El primer día de trabajo te enteras que si llegas tarde (aunque sea un minuto) te cobran $200 pesos por tu retardo; a momento de firmar el contrato, te enteras entonces que el sueldo cotizado ante IMSS y todas las dependencias importantes es del mínimo... algo así como $92 MXP. Te dicen también que una parte de tu nómina se va a depositar en una tarjeta mientras que la otra se te da en efectivo (si: de esta manera evaden impuestos). Otra cosa que te dicen es que vas a tener un entrenamiento de dos semanas en ventas para que sepas como funciona todo y que aprendas a manejar a tu equipo una vez que te lo entreguen, cosa en lo que estoy de acuerdo totalmente. Para finalizar, te hacen firmar un PAGARÉ EN BLANCO, con el cual te comprometes a que, en caso de que alguno de tus vendedores no entregue el dinero o se dé a la fuga con ollas, tú tienes que pagar el monto total.
Otra cosa que hay que resaltar es que la empresa no está registrada como una razón social, sino que se trata de una persona con actividad empresarial. La oficina está a su vez regida por un "líder", que es un hombre super prepotente. con la risa más falsa e hipócrita que he escuchado en mi vida.
Después de firmado el contrato, haces acto de presencia en una sala de juntas en la cual todos los presentes (colaboradores, desde luego) tienen el cerebro lavado y te hacen pensar que viven en un ambiente de fiesta, alegría y que es el mejor empleo del mundo. A mi, en lo personal, me fastidió mucho la actitud hipócrita con la que se acercan a decirte "oh, te va a gustar mucho, todos te vamos a ayudar" porque son puras ¡MENTIRAS!. Posterior a eso te asignan a un entrenador (siempre un gerente) y empieza la tortura real.
Paso 1: conseguir "prospectos". Te piden que llames a 10 conocidos y asignes presentaciones para que vayas practicando tu speech y aprendas a realizar una presentación del producto. Dicen que no hay compromiso de venta, pero que piensen en alguien que si te pueda comprar. Como muchos, lo que yo hice fue buscar amigos que me hicieran el favor de recibirme porque se supone que solo es por entrenamiento, sin embargo te dicen que es necesario que sean clientes potenciales, de lo contrario te llaman la atención.
Paso 2: Presentaciones. Las primeras presentaciones se harán en compañía de otra persona, la cual ya es más experimentada, y te hará tomar notas de todo para que veas como se hace. En este paso también te piden referidos bajo el concepto de que si una cantidad de ellos te acepta en su casa, los que te pasaron el contacto se ganan un premio elegido previamente de un catálogo... y entonces les pides que llamen a prospectos para agendar la cita de una vez y repetimos: ir a casa a hacer la presentación, tratar de cerrar una venta, pedir referidos, hacer cita... y asi. Las presentaciones son totalmente estructuradas, todos dicen exactamente lo mismo y si cambias un poco lo que dicen, se quedan como pollos sin cabeza.
Otra parte del entrenamiento es fungir como presentador de apoyo: los apoyos van a donde uno de los "gerentes" tiene una presentación y ayuda a cortar verduritas, poner videos, acomodas las cositas o explicar lo que se pida. En estos casos hay que poner buena cara y parecer la persona más feliz del universo, pero en realidad es una mentada de madre. Dicho sea de paso, NO EXISTE APOYO EXTRA PARA GASOLINA.
Paso 3: Cerrar la venta. Y es que no importa que te hayan dicho que estás en entrenamiento y que no es necesario vender, ellos te van a pedir que cierres la venta a como de lugar o de lo contrario va a haber una penalización para ti... porque obviamente, no les estás dando ganancia.
¿Qué me pasó a mi?
Al tercer día y después de ver una presentación con una de las personas más hipócritas de la vida, con un speech aprendidísimo, una incapacidad total para cerrar ventas y una prepotencia descomunal, me tomé un par de tequilas y decidí que ya era demasiado. Al siguiente día llamé un amigo para hacer la última presentación, le di una serie de lineamientos e instrucciones y prácticamente todo fue manipulado enteramente. Me hice la loca el resto del día y el viernes por la mañana fui a renunciar. Engañar a la gente de esa manera no es lo mío, venderle a alguien un juego de sartenes de más de 30 mil pesos no es lo mío... y, por cierto, por más que digan lo contrario, las verduras al momento de hacer su mentado pollo a la campesina sí se contaminan del sabor del pollo ¬¬
No dudo que haya personas a las cuales les vaya bien en el negocio, pero para mi no funcionó en absoluto: ganar el mínimo, gastar en gasolina, moverte por la ciudad y estar todo el tiempo dando la misma presentación de ollas.. no, no gracias.
Así que, si alguien es igual que yo, neta ni se pare en Colosio #603, al lado del Gimnasio Forza; no caigan en la trampa de Corporativo Noely o Visue Company porque no van a ser gerente de nada, solo vendedores con compromiso de vender chingomadral al mes. También se conocen como Dimaral o Maevy, que son "estructuras", pero todas son lo mismo.
Tuve la "fortuna" de que se me ofreciera un puesto "gerencial", lo cual no es otra cosa más que un nivel más alto de una pirámide de ventas de sartenes hiper carísimos. De entrada te dicen que vas a tener a un grupo de personas a tu cargo, que vas a tener cierto porcentaje de ganancias de acuerdo a lo que los demás vendan y que también tienes una ganancia cuando alguien sube de nivel (Si: es un sistema piramidal aunque ellos no digan que así es). Te establecen también un sueldo fijo y dicen que eso es lo mínimo que vas a ganar de forma mensual.
Todo aparentemente bien, todo parece ser "bonito".
El primer día de trabajo te enteras que si llegas tarde (aunque sea un minuto) te cobran $200 pesos por tu retardo; a momento de firmar el contrato, te enteras entonces que el sueldo cotizado ante IMSS y todas las dependencias importantes es del mínimo... algo así como $92 MXP. Te dicen también que una parte de tu nómina se va a depositar en una tarjeta mientras que la otra se te da en efectivo (si: de esta manera evaden impuestos). Otra cosa que te dicen es que vas a tener un entrenamiento de dos semanas en ventas para que sepas como funciona todo y que aprendas a manejar a tu equipo una vez que te lo entreguen, cosa en lo que estoy de acuerdo totalmente. Para finalizar, te hacen firmar un PAGARÉ EN BLANCO, con el cual te comprometes a que, en caso de que alguno de tus vendedores no entregue el dinero o se dé a la fuga con ollas, tú tienes que pagar el monto total.
Otra cosa que hay que resaltar es que la empresa no está registrada como una razón social, sino que se trata de una persona con actividad empresarial. La oficina está a su vez regida por un "líder", que es un hombre super prepotente. con la risa más falsa e hipócrita que he escuchado en mi vida.
Después de firmado el contrato, haces acto de presencia en una sala de juntas en la cual todos los presentes (colaboradores, desde luego) tienen el cerebro lavado y te hacen pensar que viven en un ambiente de fiesta, alegría y que es el mejor empleo del mundo. A mi, en lo personal, me fastidió mucho la actitud hipócrita con la que se acercan a decirte "oh, te va a gustar mucho, todos te vamos a ayudar" porque son puras ¡MENTIRAS!. Posterior a eso te asignan a un entrenador (siempre un gerente) y empieza la tortura real.
Paso 1: conseguir "prospectos". Te piden que llames a 10 conocidos y asignes presentaciones para que vayas practicando tu speech y aprendas a realizar una presentación del producto. Dicen que no hay compromiso de venta, pero que piensen en alguien que si te pueda comprar. Como muchos, lo que yo hice fue buscar amigos que me hicieran el favor de recibirme porque se supone que solo es por entrenamiento, sin embargo te dicen que es necesario que sean clientes potenciales, de lo contrario te llaman la atención.
Paso 2: Presentaciones. Las primeras presentaciones se harán en compañía de otra persona, la cual ya es más experimentada, y te hará tomar notas de todo para que veas como se hace. En este paso también te piden referidos bajo el concepto de que si una cantidad de ellos te acepta en su casa, los que te pasaron el contacto se ganan un premio elegido previamente de un catálogo... y entonces les pides que llamen a prospectos para agendar la cita de una vez y repetimos: ir a casa a hacer la presentación, tratar de cerrar una venta, pedir referidos, hacer cita... y asi. Las presentaciones son totalmente estructuradas, todos dicen exactamente lo mismo y si cambias un poco lo que dicen, se quedan como pollos sin cabeza.
Otra parte del entrenamiento es fungir como presentador de apoyo: los apoyos van a donde uno de los "gerentes" tiene una presentación y ayuda a cortar verduritas, poner videos, acomodas las cositas o explicar lo que se pida. En estos casos hay que poner buena cara y parecer la persona más feliz del universo, pero en realidad es una mentada de madre. Dicho sea de paso, NO EXISTE APOYO EXTRA PARA GASOLINA.
Paso 3: Cerrar la venta. Y es que no importa que te hayan dicho que estás en entrenamiento y que no es necesario vender, ellos te van a pedir que cierres la venta a como de lugar o de lo contrario va a haber una penalización para ti... porque obviamente, no les estás dando ganancia.
¿Qué me pasó a mi?
Al tercer día y después de ver una presentación con una de las personas más hipócritas de la vida, con un speech aprendidísimo, una incapacidad total para cerrar ventas y una prepotencia descomunal, me tomé un par de tequilas y decidí que ya era demasiado. Al siguiente día llamé un amigo para hacer la última presentación, le di una serie de lineamientos e instrucciones y prácticamente todo fue manipulado enteramente. Me hice la loca el resto del día y el viernes por la mañana fui a renunciar. Engañar a la gente de esa manera no es lo mío, venderle a alguien un juego de sartenes de más de 30 mil pesos no es lo mío... y, por cierto, por más que digan lo contrario, las verduras al momento de hacer su mentado pollo a la campesina sí se contaminan del sabor del pollo ¬¬
No dudo que haya personas a las cuales les vaya bien en el negocio, pero para mi no funcionó en absoluto: ganar el mínimo, gastar en gasolina, moverte por la ciudad y estar todo el tiempo dando la misma presentación de ollas.. no, no gracias.
Así que, si alguien es igual que yo, neta ni se pare en Colosio #603, al lado del Gimnasio Forza; no caigan en la trampa de Corporativo Noely o Visue Company porque no van a ser gerente de nada, solo vendedores con compromiso de vender chingomadral al mes. También se conocen como Dimaral o Maevy, que son "estructuras", pero todas son lo mismo.
jueves, 7 de julio de 2016
Avion
Corres de un lado a otro, la ansiedad ya se está haciendo presente... "¿y cuál es mi asiento? ¿Y mi maleta roja? ¿Dónde dejé el pasaporte?". Nada tiene sentido y parece que todo se pone en su lugar al mismo tiempo. No conoces el destino, solo sabes que debes abordar.
-¡De prisa! - Te gritan alguien al fondo de la sala de espera.
Tu no te preocupas.. ¿para qué? De cualquier forma, ese avión nunca va a despegar.
-¡De prisa! - Te gritan alguien al fondo de la sala de espera.
Tu no te preocupas.. ¿para qué? De cualquier forma, ese avión nunca va a despegar.
lunes, 8 de febrero de 2016
Único deseo
-Toma - Me dijo con su voz áspera - Te va a servir.
Extendió hacia mi un libro casi tan desgastado como mis energías y mis ganas de salir adelante. No tenía ni una sola letra en la cubierta que me diera un indicio del contenido del libro; se notaba que había pasado por varias manos antes de llegar a mi, sin embargo se mantenía entero, con todas sus hojas perfectamente cosidas por el lomo pero ya amarillentas por el paso de los años.
Lo guardé en mi bolso y ahí pasó los siguientes 7 días. A veces recordaba que estaba ahí, pero por prisas u otros quehaceres lo dejaba olvidado nuevamente bajo la promesa de que lo leería después. A veces tenía la impresión de que me gritaba que lo liberara, que necesitaba sentir el viento, ver la luz del sol; su insistencia fue tanta que una noche, en punto de las 3:00 am, me levanté decididamente a saber de una vez por todas de qué iba aquel libro.
Las primeras 11 páginas estaban totalmente en blanco, no había manera de suponer que en algún momento existió en ellas alguna palabra ya que su superficie lucía lisa, con un tono uniforme y sin un rastro de tinta, marcas o rayón. En la página 12, como encabezado y escrito con una caligrafía perfecta, se leía aún claramente "Invocación". Me llevó un par de minutos darme cuenta que aquello era una especie de conjuro, de invocación a un ser de quién sabe qué plano o de qué tipo, y una voz en mi cabeza me orilló a leer aquello de inmediato.
Iniciaba con una pequeña reseña, seguido de indicaciones generales para preparar un lugar específico en casa, totalmente a oscuras, en donde se realizaría una especie de meditación inicial. No hablaba de ningún tipo de precaución que se debiera tomar, iba al grano:
"Manténgase sentado, con la espalda recta y los hombros relajados; use una vela para iluminar el libro, recite lo siguiente y espere 10 minutos con los ojos cerrados. Bajará a un nivel de relajamiento extremo, sentirá sus extremidades adormecerse y algo entumecidas. Después de dicho tiempo, abra sus ojos lentamente y recite las siguientes palabras..."
Seguía una serie de palabras, un conjuro, cosas que no entendía y que eran una mezcla de latín y algún otro idioma extraño.
Me senté en la única silla de mi habitación, apagué las luces y encendí una vela que guardaba en el cajón de la mesita de noche para alguna emergencia. Hice las cosas al pie de la letra, sentí mis brazos y piernas hormiguear incontrolablemente, vibrar, sentí como se calentaba mi frente de forma extraña y mi corazón palpitar excitado. Leí cada una de las palabras tal y como creí que sería adecuado, respeté cada punto y coma del texto,.. y esperé.
3 minutos le tomó manifestarse: era una mujer extraña, de cabello negro, muy largo y lacio. Era bas.tante alta, debería medir alrededor de 1 metro 90, iba vestida de negro. Sus ojos eran penetrantes, se veía en ellos una luz extraña, tétrica; parecía sonreír, pero simplemente era que su boca era increíblemente grande, y de ella salía una lengua desproporcionalmente larga. Escuché su voz en mi cabeza, una voz dulce que no cuadraba con su imagen.
-¿Qué quieres? ¿Dinero, amor, éxito? Lo que sea lo puedes tener, te lo puedo dar.
Y como por arte de magia lo recordé. Era él quien me hacía falta en mi vida, a quien deseaba tener nuevamente a mi lado en las madrugadas, con quien deseaba trasnocharme mientras hablaba de todo y nada a la vez; sabía que estaría bien con él, que podría enfrentar cualquiera cosa que se viniera si me sujetaba la mano, si me besaba, si me iba a buscar de vez en cuando al trabajo y me reprochaba mi falta de caracter. Era él mi único deseo, el amor de mi vida.
-Quiero que él sea feliz - Fueron mis palabras finales.
No, no es que haya sido una tonta por desperdiciar semejante oportunidad de tener cualquier cosa, sino que él es simplemente la persona a la que más amo en la vida... y el acto más grande de amor que puedes hacer por una persona es permitirle ser feliz
domingo, 20 de diciembre de 2015
Recortes
Jonathan salió a dar una vuelta esa noche; el clima era un poco frío, como todo primer día de Febrero, así que se abrigó hasta las orejas, se puso la sudadera a rayas que le había regalado Maribel en la navidad del 20..., la bufanda tejida a mano en ese mismo año y los guantes que había comprado en una tienda de San Francisco poco después. No le apetecía ir en coche, quería que se despejara su mente mientras ponía un pie delante del otro de forma automática, sin rumbo fijo, y seguir así hasta que se hiciera tarde o se le acabaran los pensamientos.
Hacía ya seis años que la había dejado de ver, pero el tiempo parecía transcurrir tan lentamente que incluso a veces parecía que había sido apenas unos meses antes cuando la vio nuevamente y por casualidad en el centro de la ciudad. Llevaba un vestido azul marino, iba sola y se había pintado los labios de rojo, lo cual a Jonathan le pareció un poco extraño porque ella no solía hacerlo así, no al menos mientras estuvo con él. Se saludaron a la distancia sólo con un movimiento de cabeza, él había apartado rápido la mirada para no cometer una tontería y acercarse a hablarle, invitarla un café y después decirle que la extrañaba de sobremanera. Y es que era cierto: la extrañaba mucho, extrañaba sus ojos y sus húmedos besos, sus abrazos firmes, sus pucheros cuando él la hacía enojar al no reírse de sus chistes... pero no quería que supiera, no podía permitir que su orgullo se doblegara y acudir corriendo a ella a cada instante; se decía a sí mismo todos los días que tarde o temprano ese amor debía morir.
El paso de Jonathan era tranquilo, sus manos en los bolsillos de la sudadera se cerraban en las llaves de su casa en un intento de aferrarse a algo que permaneciera en la realidad, en el aquí y el ahora, y no divagar en sus pensamientos toda la noche... pero a veces le resultaba tan imposible no perderse, no recordar. Esa noche no sabía por qué Maribel le dolía tanto: estaba sentado frente a la computadora, perdiendo el tiempo como era costumbre, y de pronto los ojos de Maribel se aparecieron en la pared frente al escritorio, con esa mirada tan característica suya, "llena de fuego, de luz" le había dicho Jonathan en alguna ocasión, y ella había sonreído tristemente. La dejó entrar en sus pensamientos, que acampara ahí toda la noche si le apetecía, porque esa noche justamente también a él se le antojaba estar con ella aunque fuera de esa manera, recordar las largas noches y las frías madrugadas en que dormían juntos, en su cuerpo esbelto acurrucándose junto a él, en cómo lo despertaba dulcemente en las mañanas con un beso. Quería sentir sus manos de finos dedos pasándose por su cabello, la piel tersa de su espalda y sus piernas, el perfume de su piel, la paciencia con la que escuchaba todas sus historias y se interesaba en ellas aunque no las entendiera en absoluto; quería platicar con ella, preguntarle si se acordaba de los hot cakes quemados que le preparó una vez, si había leído el último libro de Haruki Murakami y qué tal le había parecido, si había seguido escribiendo como antes, si ya había decidido a dónde viajaría las siguientes vacaciones.
-¿Cómo estás, Maribel? - Dijo Jonathan en voz baja, como si ella estuviera a su lado y lo escuchara - ¿Qué sueño has cumplido hoy, qué nueva idea tienes en esa mentesita que parece una máquina imparable?
Jonathan se sentó en un columpio en el parque cercano a su casa y comenzó a mecerse con distracción. La tristeza le oprimía el pecho, le dolía y sintió como la tristeza se agolpaba en sus ojos. Lloró ahí sólo, sentado y a mitad de la noche, lloró como no había llorado desde hacía mucho tiempo y se abrazó una y otra vez al recuerdo de Maribel, hablando quedamente a un oído imaginario. Le pidió disculpas por no haber contestado su mensaje esa mañana, por haberla ignorado, por estar ausente desde tiempo atrás.
"Los sueños se vuelven realidad" Había escrito Maribel al pie de una foto que le envió y en la cual lucía una amplia sonrisa, de esas que ella no acostumbraba a dibujar en su rostro, y al fondo se observaba en todo su esplendor el avión que Jonathan intuyó, estaría próxima a abordar. Esa mañana Jonathan estaba ocupado, se le había hecho tarde para el trabajo y leyó el mensaje mientras conducía a toda velocidad por una de las avenidas principales de la ciudad. No le prestó importancia y arrojó el celular al asiendo del copiloto, más preocupado por llegar a tiempo al trabajo que por contestar. Después, un segundo mensaje apareció en la misma conversación: "Siento que te molestara, sólo te lo quería compartir..."
No hubo más mensajes de ella. Él pensó en contestar una vez que llegara al trabajo, pero se olvidó por completo debido a todos los pendientes urgentes a realizar; pensó fugazmente en contestar durante la hora de comida, pero su jefe decidió que era buena idea comer juntos; pensó y pensó mil veces contestar, pero mil y un veces se olvidó de ello. Nunca hubo respuesta. Era el primero de Febrero.
Para esas horas, el frío ya había empeorado y calaba hasta los huesos. Jonathan salió de su ensimismamiento al notar cómo se entumecía su cara, húmeda por las lágrimas, y emprendió el camino de regreso a casa, decidido a pensar y hablar largas horas con Maribel mientras se acurrucaba en su cama y en sus pensamientos junto a ella.
Los pasos resonaron fuertemente en la sala de su casa, poco después se encendió el motor del refrigerador y eso fue lo único que rompió el silencio. Jonathan se dirigió a su cuarto, encendió la luz de la mesilla de noche y se sentó a la orilla de la cama, en medio de la oscuridad, con la vista fija en sus rodillas. Junto a la lámpara, un viejo recorte de periódico ya amarillento y desgastado por el paso del tiempo yacía inerte; Jonathan le había puesto a mano la fecha de la edición: 2 de Febrero del 20...
"Vuelo de Aeroméxico con destino a la ciudad de... se estrella. No hay sobrevivientes"
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