No, realmente no pretendo echarle tierra a mi propia gente, ni tampoco quisiera pararme el cuello y decir que yo soy la persona más puntual de la república, lo que sí me gustaría abordar en éste post es precisamente la falta de puntualidad en general del mexicano y la pertenencia de la misma a la cultura... aunque no debería ser así.
Al igual que muchos otros estudiantes, yo debo abandonar mi ciudad día con día y viajar al menos 1 hora para llegar a la universidad donde, afortunadamente y con mucho esfuerzo, ya estoy por terminar mi licenciatura. Durante 3 años y medio he tenido que abordar diariamente un autobús tanto al mediodía como en la noche, y he presenciado (y también protagonizado) actos de impuntualidad que rayan el límite de la mentada de madre para los demás. Si bien es cierto que muchas veces estamos a merced de las neuras del profesor, también deberíamos hacernos responsables para que cuando salimos a fiestas, llegar temprano o simplemente aceptar que uno se equivoca en cuanto al horario del camión. La cuestión es que la mayoría de las veces pude ver cómo las personas que llegaban tarde se enfurecían ante los regaños por la tardanza y -en el peor de los casos- por dejarlos ya que no estaban a la hora acordada; muchas veces se habló de compañerismo y de tolerancia, del supuesto respeto que se deben tener y el apoyo de que todos son estudiantes y tienen los mismos derechos.
¿Pero cuándo se pusieron a pensar en el respeto dado hacia los que pacientemente esperan?
Hoy precisamente, en uno de esos arranques de suerte en el que nos vamos en el auto de una compañera hasta la universidad (pagando la cuota respectiva de la gasolina), se acordó el horario de partida a las 2 de la tarde para con ello aprovechar el tiempo antes de la hora de clase y discutir cuestiones de graduación y todo ese cotorreo. Eran las 2:40 cuando pasaron por el lugar en que me recogerían... 40 minutos de mi vida desperdiciados estando parada en la calle a ver a qué hora se le ocurría a la señorita pasar por mi. Ahí fue cuando empecé a pensar en todo esto.
¿Qué tan difícil es planear las actividades?
Tenerlo todo extremadamente controlado es imposible, siempre surgen imprevistos ya que convivimos con personas de criterio propio y actividades propias de su agrado, sin embargo esa no es razón ni mucho menos pretexto para después dar la cara frente a otras personas y decir "perdón, se me hizo tarde".... y, desde luego, la disculpa siempre viene de las personas que o bien lo sienten realmente, o bien es su manera automática de desafanarse de sus propias responsabilidades (hoy yo no obtuve ninguna de ellas).
Yo creo que por eso a los mexicanos nos dicen que somos flojos y desobligados, o quizás muy relajados y poco responsables... y es que todos, en algun momento, nos hemos tirado a la flojera y a la conchudez de decir "de todos modos, todos llegan tarde". Y si, todos llegan tarde, pero esa tardanza retrasa los evetnos, los vuelve informales, dan flojera y aburren a los que esperan... ¿y los que son puntuales? Se les tacha de complicados, de obsesivos, de mil y un cosas y además todavía se incluye la burla respectiva... sin olvidar, claro, que luego nos admiramos de los extranjeros por su exceso de puntualidad.
Tenía una amiga argentina, y conocí también a un chico japonés, y ambos tachaban la puntualidad como buena educación. Y es que tenían razón: la puntualidad en el ser humano envía inmediatamente el mensaje de que estamos interesados en la razón de la reunión o el motivo específico al cual acudimos a algún lugar; si no llegamos temprano, el mensaje podría ser como de "qué flojera...".
Somos buenas personas en general (con sus respectivos negritos en el arroz), somos cordiales y educados cuando tenemos ganas... pero por mucho que el llegar tarde sea parte de la cultura del mexicano, siempre hay ciertas cosas que es mejor corregir.
jueves, 30 de mayo de 2013
jueves, 4 de abril de 2013
"Cuerpos ajenos y otras historias inesperadas"
A veces, por casualidad uno se puede encontrar ciertos libros en los lugares más inesperados. Fue lo que sucedió con éste título, el cual encontré abandonado en un librero de un Centro de Salud, y al cual decidí darle un poco más de vida al leerlo.
Admito que al principio, creí que se trataría de una mala novela cachondona (si, quedé un tanto traumada con los anteriores) y que además estaría aburrida a más no poder. Ciertamente, el título no me llamaba mucho la atención pero en un momento de aburrimiento en que cualquier cosa es buena menos estar en modo off viendo la vida pasar, comencé la lectura.
De antemano, no conozco al autor y jamás en la vida había escuchado de alguna de sus obras: Michael Marshall Smith. Descubrí después que es el mismo de un tal libro llamado "Clones" y del cual Steven Spielberg había pensado hacer una película (supongo que motivos tendrá para no haberla hecho). Tiempo después encontré en internet criticas bastante malas en cuanto a la calidad de su redacción y esas cosas que ahora no interesan mucho, sino más bien el libro.
"Cuerpos ajenos" está formado por varios cuentos, los cuales varían en extensión y en temática. El primer cuento, llamado "Mañana más" (título algo insípido) constituye el enganche perfecto para continuar con el libro y habla acerca de las curiosidades que se pueden encontrar en internet, que además se mezcla con algo de morbosidad en cuanto al sexo, secuestros y snuff que logra enganchar al lector de una manera espectacular ya que además de tratar un tema interesante, lo hace de manera sencilla y casi cotidiana, lo que provoca que la lectura sea mucho más fluida y digerible.
El resto de los cuentos, como decía, varían en cuanto a la temática, aunque se conserva un mismo estilo de escritura lo que lo hace un libro bastante consistente y entretenido. Debo admitir que los primeros cuentos son sumamente interesantes, entretenidos, digeribles, y tienen finales con los cuales nos quedamos con ganas de saber más acerca de la historia y la verdadera conclusión; es una especie de enigma que creo invitan al lector a imaginar (interactivo ¿no?).
En cuanto al estilo de redacción, el señor Michael utiliza en su mayoría la primera persona, lo que hace muy ligera la lectura. No usa palabras rebuscadas, ni metáforas estúpidas que confunden en cuanto a la imagen que quiere dar, sino que se apega a un estilo sencillo y agradable que incluso a mi me dio la impresión de que escribir es algo muy sencillo y cualquiera lo puede hacer.... (aunque, vamos, que dicen que eso es cierto... y si no, aquí estoy yo)
El problema de este libro: después de la mitad, las temáticas se empiezan a volver increíblemente repetitivas; el estilo lleno de sencillez y la primera persona me pareció demasiado, y es que quizás es más fácil imaginar en carne propia que en... ¿cuerpos ajenos?. Como sea, el hecho también de que todos los cuentos los dejara con un final a medias que era medio final y medio principio (como si recién estuviera introduciendo a la verdadera historia) me dejaba un mal sabor de boca, e incluso llegué a considerar dejar el libro a medias y leer otra cosa.
Sin embargo, me pareció que se trata de un buen libro para aquellas personas que estamos un poco bloqueadas en cuanto a la escritura, y es que a mi me dejó la idea de que en realidad ser escritor es arriesgarse a escribir de ideas estúpidas o disparatadas sin que nos importe... y es que precisamente la literatura es para crear universos nuevos, porque del que existe ya se ha hablado mucho.
viernes, 8 de febrero de 2013
"Pídeme lo que quieras"
Bien dicen: "Si algo funciona bien ¿para qué cambiarlo?"
En esta frase parece ser que se ha basado la autora española Megan Maxwell para crear su bilogía "Pídeme lo que quieras", que a juzgar por la portada y su advertencia de contenido, parece ser algo prometedora.
Por ello, y por la curiosidad del título, decidí lanzarme a la lectura a pesar de que a leguas se nota que me estoy enfrentando a una copia al éxito de E.L. James "50 Sombras de Grey" y toda la secuencia.

"Pídeme lo que quieras" relata la historia de Judith, una mujer joven y común y corriente que trabaja para una empresa llamada Müller, y quien por X o Y motivo conoce al -adivinen- jefe guapísimo y dueño de la empresa, Eric Zimmerman: alemán de 30 y tantos años que se encuentra en Madrid por cuestiones de negocios después de la muerte de su padre y quien -sigan adivinando- le gusta una clase particular de sexo: voyeurismo. Como se pueden imaginar, Judith y Eric comienzan a tener una relación basada en sexo y negocios, un común denominador entre estas historias de un tiempo para acá, y obviamente a ella la hace partícipe de sus fechorías de forma consentida.
La verdad es que de este libro no se puede decir mucho; nuevamente estamos frente a una historia escrita en primera persona, narrada desde el punto de vista de Judith, y por lo cual se hace omisión de algunos detalles de los demás personajes de la historia. Tiene un estilo increíblemente ráípdo, que si bien el de E. L. James solamente vemos una rápida ocurrencia de los acontecimientos, aquí supera por mucho la misma dinámica y además se añade que transcurre tiempo demasiado rápido, de forma que ahora estamos leyendo un párrafo equivalente a un día, luego viene una oración que equivale a una semana y se remata con 3 palabras que resumen un mes.
Judith me parece ser un personaje muy inmaduro, que si bien en muchas ocasiones me reí de sus diálogos y las ocurrencias, en otras tenía ganas de pegarle una buena cachetada para hacerla entrar en razón. Eric, por su parte, responde al prototipo de alemán: más frío que el culo de un pingüino, Además, me parece que se intentó hacer una vaga copia de Christian Grey en algunos de sus ademanes, pero obviamente las copias no son buenas. Otra cosa que se puede decir de éste hombre es que también tiene sus secretos, que si bien no son 51 sombras más oscuras que las oscuras de Grey, tampoco son cosas que se puedan tomar muy a la ligera, y de cierta manera ofrece una relación psicológica entre eso y su tendencia a ver actos sexuales... relación que por cierto, también me pareció medio lógica y sin chiste.
Ahora, pasando a lo interesante de la obra: el sexo. ¡Agobiante! Me parece que la literatura erótica debe tener muy en cuenta el momento en que se usan las escenas sexuales para ponerle sabor al libro, y pareciera que aquí la señora que lo escribió estaba cachonda perdida durante toda la redacción y hace uso del sexo a diestra y siniestra, de forma que después de un rato pierde chiste, y hasta me dio flojera leer más al respecto. No sé que tan adecuado sea seguir con la misma linea durante mucho tiempo, pero creo que no debe ser muy bueno que los lectores se aburran pronto.
El final del primer libro es... pues... parecido a otro (si, al de Grey...) Los acontecimientos ocurridos en el libro son similares a los del anteriormente mencionado, con la diferencia de que ocurren con más rapidez. Vamos que no es una copia exacta y barata, pero en originalidad si deja mucho qué desear.
Personalmente, creo que realizar algo tan similar a lo que ya se ha visto y ha pegado no es buena idea; las personas se aburren, y vamos a tener la tendencia de compararlo con el primeramente leído. Yo si lo hice, y me fue inevitable hacerlo de esa manera, y creo que por lo mismo no me gustó mucho el libro y ni siquiera opté por leer la siguiente parte (además de que no lo he encontrado).
Yo no lo recomiendo, y ya ni siquiera sé qué decir al respecto.
Trilogía "50 sombras"
Para ser sincera, y antes de comenzar con la siguiente entrada, debo de reconocer que el principal objetivo del blog fue dar a conocer mis escritos de una manera más moderna (como que me frustró eso de estar publicando en foros, escribir en cuadernos y encriptar para el resto de la eternidad mis creaciones que, si bien no son buenas, tampoco es para guardarlas por siempre), pero en días pasados se me vino a la mente la idea de hacer unas breves críticas y reseñas referentes a libros que he leído. Vamos, mi intención es ampliar la temática de este sitio... y que mis 3 lectores ocasionales -que me parecen ser muchos- tengan un poco más de materia.
Como inauguración, y por ser la más reciente lectura, les traigo el boom de la literatura erótica moderna, y me refiero precisamente a la trilogía de E.L. James que a continuación pasaré a medio destrozar.
"50 sombras de Grey" ha sido uno de los libros más mencionados durante el 2012; algunas personas hicieron de mi conocimiento que supuestamente era un libro muy malo, por lo cual me dediqué a leerlo y dar mi propia opinión.
De arranque, debo admitir que me encontré con una historia llena de clichés: estamos hablando de que la protagonista es una joven que se describe entre líneas como alguien muy normal y corriente, nada espectacular, que vive en una ciudad cualquiera, estudia una carrera cualquiera y tiene una vida cualquiera en general. Anastasia, que es el nombre de la chica, conoce por cuestiones de destino (para quienes creen en eso) a otro de los clichés más grandes de todos los tiempos: Christian Grey.
¿Qué tiene éste personaje de cliché? Bueno, se trata del típico hombre multimillonario, exitoso de los negocios, dueño de la propia empresa, joven y -como no- guapísimo. Christian tiene una historia oscura y un par de perversiones también medio oscuras: le gusta el sexo duro, que las mujeres sean sumisas, amarrarlas, azotarlas... y otras joyitas que sería bueno que leyeran por su propia cuenta.
Como se han de imaginar, Anastasia y Christian comienzan a tener una relación que... pues dista mucho del amor en un principio, pero para un roto siempre hay un descosido y así es como este par de personajes se juntan y comienzan a hacer de las suyas en un pent-house ubicado en lo más alto de un edificio de Seattle. No me gustaría entrar mucho en detalles respecto a la historia, y lo único que quisiera mencionar es que dentro del primer libro nos encontramos a un estilo que será repetido a lo largo de los otros dos: la redacción en primera persona. El hecho de que sea escrito de esta manera favorece mucho la lectura, la hace mucho más ligera y provoca cierta identificación del lector con la protagonista principal, a pesar de que se pierden detalles esenciales de otros personajes involucrados en la trilogía.
En fin; el libro deja la historia un poco a medias, y es una buena estrategia para invitar indirectamente a la lectura de los otros tres. Asi pues, proseguiré con el segundo.
Al ser la pieza media de la trilogía, la trama se vuelve un poco más intensa y acelerada, se presentan situaciones un tanot más novedosas pero aún encontramos las sesiones de sexo duro entre Ana y Christian. En cuanto a la historia como tal, se revelan puntos claves en cuanto a la vida de Grey, su infancia y sus "sombras", motivos que aparentemente respaldan mucho el hecho de que le guste un sexo bastante peculiar.
Me gustaría recalcar en este punto que la historia transcurre de una manera increíblemente rápida: quizás durante el primer libro no se siente tanto, y la misma lectura y estructura que se tiene provoca que la percepción del tiempo referido en el libro no sea tan perceptible. Sin embargo, el segundo libro es algo acelerado (demasiado para mi gusto) y en lo personal me causó cierto conflicto.
"50 Sombras liberadas" encierra en su interior el desenlace de la obra completa. Yo leí éste libro ciertamente fastidiada, pero me gustaba un tanto la historia y quería saber qué había detrás de los traumas de Christian Grey. Me pareció que a este punto las escenas de sexo explícito ya eran un poco aburridas, y al ifnal opté por no leerlas y dedicarme enteramente a la historia romántica y cliché que hay detrás de todo eso. Aquí fue cuando recuperé la noción del tiempo y solamente exclamé "Whaaaaaaaat??". Si se atreven a leerlo, seguramente lo entenderán, pero mientras tanto solo me voy a limitar a decir que tengo doble opinión referente al final; primero, en cuanto a la historia con Ana, me pareció sumamente cliché y esperado el final, tan esperado que hasta me dio flojera y creo que lo leí en automático. Pero, en segundo lugar, hacen una especie de anexo pequeño referente a Christian Grey que me pareció interesante, y que aunque estaba también escrito en primera persona, al menos da un poco la visión del otro en cuanto a la situación... y, no sé, fue bastante interesante y le da un toque un tanto más ligero.
En general, no sé qué pensar de la trilogía. Primero quisiera referirme a la estructura: como ya dije, el hecho de que esté escrito en primera persona hace que el lector se conecte un poco más con el personaje principal, pero se pierden detalles de los demás. Existe mucho diálogo, algunos me parece que son innecesarios y que sólo agregan longitud al libro, pero al mismo tiempo provocan la sensación de estar leyendo rápidamente y avanzar a grandes pasos. Las descripciones de los personajes y de los lugares me parecieron insípidas, sin embargo creo que esto le da un efecto bastante interesante ya que, al crear una imagen difusa acerca de los personajes, se puede personalizar la escena y eso brinda la oportunidad de hacer la lectura más creativa e imaginativa. Además, cumple con la función de enganchar a las personas por el lado del sexo, que son las escenas descritas un poco más detalladamente (y el éxito de la obra).
En cuanto a los personajes, primeramente la cantidad es bastante reducida; apreciamos a lo largo de la obra a prácticamente las mismas personas que aparecen y reaparecen constantemente, por lo cual no es tan complicado seguir la pista o recordar quién es quién en la obra. Las interacciones, sin embargo, son bobas y quizás podrían haber sacado mejor partido de ellas.
La historia.... bueno, la historia está llena de todos los clichés habidos y por haber en el mundo del romanticismo: relación casi improbable entre dos personas diferentes (la normal y el guapísimo), propiedad de un helicoptero, un jet privado, un jate privado, inversiones extranjeras, exito en las empresas y los negocios, derretimiento instantáneo con una sonrisa a otras mujeres, celos de los amigos, intentos de homicidio, secuestro y violación, pesadillas, psiquiatras, persecuciones, emparejamiento entre miembros comunes, baile de máscaras... en fin, más de la mitad de las ideas más usadas en las novelas románticas son usadas en 3 libros y eso lo hace bastante predecible. Aunque, de vez en cuando aparecen algunas sorpresas agradables.
Ante todo, debo admitir que en un par de instantes me gustó mucho cómo la autora logró ciertas escenas, haciendo que incluso se me erizara la piel por la intensidad y porque durante toda la obra se invita a posicionarse en los zapatos de Ana, lo que a veces puede provocar mayor intensidad. Las escenas de sexo me gustaron más durante el primer libro, ya que al final me pareció que eran demasiado y un tanto comunes.
No me gustó para nada "la diosa que llevo dentro" y "mi subconsciente", me recordaron a Lizzie McGuire y su caricaturezca "yo" que normalmente hacía comentarios, además de que la forma en que las usaba hasta resultaba infantil y sonsa.
Creo que el éxito de la obra se refiere a que usa una generalidad en las mujeres: el deseo de conocer a un hombre guapo y multimillonario del cual se enamoran, y que él se enamora de ellas, realiza cosas inimaginables, y después provoca un giro de 180° en la vida propia, lo que es emocionante. Como había dicho, el ser en primera persona invita mucho a esa conexión con el personaje y en enganche está casi garantizado. Es lo que toda mujer quisiera vivir, y lo que más de una mujer quisiera hacer en cuanto al sexo, por lo tanto representa también una via de escape a esos deseos reprimidos.
En conclusión: como actividad lúdica, está bastante entretenido y puede funcionar para matar el rato. Además, vamos que es bueno leer, al menos por cultura, y hasta puede servir para de menos subrayar las palabras que no se entienden, buscarlas en el diccionario y así aprender algo nuevo.
domingo, 30 de diciembre de 2012
CAMBIO DE AÑO
Cansada y ojerosa, Anastasia se
levanta nuevamente a encarar el día que se avecina ya anunciando su llegada con
el amanecer y el canto de los pájaros enjaulados al lado de su ventana. Ni
siquiera ha descansado, se pasó la noche llorando y preguntándose qué tantas
estupideces hizo, hace y habría hecho de ser posible… porque es una tonta,
porque parece ser cierto lo que le dijo su madre de que ella no sabía hacer tal
o cual cosa, lo que le dijo su padre cuando le comentó que ella no podía tener
decisiones propias y que su vida era como la de los changos: imitando lo que
los demás hacían, pero sin tener interés verdadero en eso; o quizás era cierto
lo que reflejaban los sueños de su hermana cuando le contaba que la había
soñado indefensa y vana y tonta como una niña de 5 años que se aferra en
niñerías.
¡Pobre Anastasia! Había vivido su
vida sin ser ella, había logrado irse un tiempo y desprenderse de las raíces
que la ataban a algo inexistente… pero después regresó, y con su regreso
también volvieron las ataduras y los malos ratos, y las mañanas nubladas en que
sólo limpiaba la casa, las tardes diáfanas pero aburridas, las noches largas y
llenas de letras aquí y allá, de autores conocidos y desconocidos, de amores
atrapados o inexistentes… de sueños rotos o melancolías putrefactas ya cansadas
de vivir, casi tan cansadas como ella.
Pasó su último día sentada sobre
la cama, leyendo libros guardados en su librero, revisando viejos escritos en
gastadas libretas de hojas amarillentas, pasando y repasando cuentos regalados,
cartas improvisadas, fotografías y recuerdos que había esparcido sobre la cama
y había comenzado a organizar por formas y colores, por tamaños, por
importancia, por sentimiento o por lágrimas. La noche la dejó llegar
silenciosa; dejó irse al sol junto con el canto de los pájaros, dio la
bienvenida a los maullidos desesperados de gatos en celo, a los aullidos de
perros abandonados en azoteas que clamaban a sus dueños o quizás un poco de
compañía de otros perros en igualdad de condiciones. Pensó en lo triste que era
aquello, y en su propio desconsuelo al verse a sí misma recibiendo estrellas
envueltas en neblina por el frío que hacía.
Los silencios se hicieron
presentes, pero también las revelaciones que la oscuridad trae consigo cuando
ya no hay nadie que atente contra su existencia; sin luces se dejó guiar por a
voz de su acompañante negra, por las verdades que gritaban en crujidos de
madera y de puertas, y de pasos encerrados que la gente dice que es el eco pero
que ella siempre pensó que era algo más, alguien
más junto a ella. Se sintió estúpida, sola, vacía, llena de una tristeza
profunda que no la dejaba respirar, llena de arrepentimiento, de temor, de
hastío hacía si misma por ser quien era, por pasar la noche anterior llorando,
y el día triste, y la tarde removiendo arenas del pasado; sintió pena por sí
misma y por su porvenir.
A tientas, sentada sobre su cama,
alcanzó un papel en blanco y la vieja pluma:
Me hubiera gustado pasar el último día del año a tu lado, reír y llorar
y recordar lo que se ha pasado, pedirte mil y un veces perdón por no escuchar
cuando me decías que estaba exagerando, por no hacer caso de las múltiples
alertas de mi comportamiento cuando me estaba pasando de la raya. Me hubiera
gustado poder sentarme a tu lado otra vez, revivir momentos como tantas veces
lo hemos hecho, dejar que la madrugada nos alcanzara desnudos sobre la cama,
conversando, dando vueltas para encontrar un lugar que sin querer hemos estado
construyendo y destruyendo pero que no nos importa porque sabemos que es
nuestro, aquí, allá, donde sea que lo decidamos, donde quiera que se nos antoje
recibir las locuras y comenzar de nuevo.
Me hubiera gustado tomarte de la mano y desearte feliz año, abrazarte y
darte un beso tímido y casi a escondidas porque me da mucha pena que me vean
haciendo eso; hubiera preferido simplemente que mis arranques de niña
consentida y mis alteraciones de humor no se hubieran apoderado de mí para
hacerte estallar y largarte, para no provocar que me dejaras.
“Me hubiera”… tantos “me hubiera”… tanto y tanto existente sin existir,
tan marcados deseos frustrados, tantas palabras calladas…
Y ahora, me sentaré como siempre con mi familia, a dejar pasar el
tiempo y comenzar un año acompañada pero casi tan sola como siempre, casi como
me siento cuando estoy triste o tengo hambre.
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