jueves, 7 de julio de 2016

Avion

Corres de un lado a otro, la ansiedad ya se está haciendo presente... "¿y cuál es mi asiento? ¿Y mi maleta roja? ¿Dónde dejé el pasaporte?". Nada tiene sentido y parece que todo se pone en su lugar al mismo tiempo. No conoces el destino, solo sabes que debes abordar.

-¡De prisa! - Te gritan alguien al fondo de la sala de espera.

Tu no te preocupas.. ¿para qué? De cualquier forma, ese avión nunca va a despegar.

lunes, 8 de febrero de 2016

Único deseo

-Toma - Me dijo con su voz áspera - Te va a servir.

Extendió hacia mi un libro casi tan desgastado como mis energías y mis ganas de salir adelante. No tenía ni una sola letra en la cubierta que me diera un indicio del contenido del libro; se notaba que había pasado por varias manos antes de llegar a mi, sin embargo se mantenía entero, con todas sus hojas perfectamente cosidas por el lomo pero ya amarillentas por el paso de los años.

Lo guardé en mi bolso y ahí pasó los siguientes 7 días. A veces recordaba que estaba ahí, pero por prisas u otros quehaceres lo dejaba olvidado nuevamente bajo la promesa de que lo leería después. A veces tenía la impresión de que me gritaba que lo liberara, que necesitaba sentir el viento, ver la luz del sol; su insistencia fue tanta que una noche, en punto de las 3:00 am, me levanté decididamente a saber de una vez por todas de qué iba aquel libro.

Las primeras 11 páginas estaban totalmente en blanco, no había manera de suponer que en algún momento existió en ellas alguna palabra ya que su superficie lucía lisa, con un tono uniforme y sin un rastro de tinta, marcas o rayón. En la página 12, como encabezado y escrito con una caligrafía perfecta, se leía aún claramente "Invocación". Me llevó un par de minutos darme cuenta que aquello era una especie de conjuro, de invocación a un ser de quién sabe qué plano o de qué tipo, y una voz en mi cabeza me orilló a leer aquello de inmediato.

Iniciaba con una pequeña reseña, seguido de indicaciones generales para preparar un lugar específico en casa, totalmente a oscuras, en donde se realizaría una especie de meditación inicial. No hablaba de ningún tipo de precaución que se debiera tomar, iba al grano:

 "Manténgase sentado, con la espalda recta y los hombros relajados; use una vela para iluminar el libro, recite lo siguiente y espere 10 minutos con los ojos cerrados. Bajará a un nivel de relajamiento extremo, sentirá sus extremidades adormecerse y algo entumecidas. Después de dicho tiempo, abra sus ojos lentamente y recite las siguientes palabras..."

Seguía una serie de palabras, un conjuro, cosas que no entendía y que eran una mezcla de latín y algún otro idioma extraño. 

Me senté en la única silla de mi habitación, apagué las luces y encendí una vela que guardaba en el cajón de la mesita de noche para alguna emergencia. Hice las cosas al pie de la letra, sentí mis brazos y piernas hormiguear incontrolablemente, vibrar, sentí como se calentaba mi frente de forma extraña y mi corazón palpitar excitado. Leí cada una de las palabras tal y como creí que sería adecuado, respeté cada punto y coma del texto,.. y esperé.

3 minutos le tomó manifestarse: era una mujer extraña, de cabello negro, muy largo y lacio. Era bas.tante alta, debería medir alrededor de 1 metro 90, iba vestida de negro. Sus ojos eran penetrantes, se veía en ellos una luz extraña, tétrica; parecía sonreír, pero simplemente era que su boca era increíblemente grande, y de ella salía una lengua desproporcionalmente larga. Escuché su voz en mi cabeza, una voz dulce que no cuadraba con su imagen.

-¿Qué quieres? ¿Dinero, amor, éxito? Lo que sea lo puedes tener, te lo puedo dar.

Y como por arte de magia lo recordé. Era él quien me hacía falta en mi vida, a quien deseaba tener nuevamente a mi lado en las madrugadas, con quien deseaba trasnocharme mientras hablaba de todo y nada a la vez; sabía que estaría bien con él, que podría enfrentar cualquiera cosa que se viniera si me sujetaba la mano, si me besaba, si me iba a buscar de vez en cuando al trabajo y me reprochaba mi falta de caracter. Era él mi único deseo, el amor de mi vida.

-Quiero que él sea feliz - Fueron mis palabras finales.

No, no es que haya sido una tonta por desperdiciar semejante oportunidad de tener cualquier cosa, sino que él es simplemente la persona a la que más amo en la vida... y el acto más grande de amor que puedes hacer por una persona es permitirle ser feliz

domingo, 20 de diciembre de 2015

Recortes

Jonathan salió a dar una vuelta esa noche; el clima era un poco frío, como todo primer día de Febrero, así que se abrigó hasta las orejas, se puso la sudadera a rayas que le había regalado Maribel en la navidad del 20..., la bufanda tejida a mano en ese mismo año y los guantes que había comprado en una tienda de San Francisco poco después. No le apetecía ir en coche, quería que se despejara su mente mientras ponía un pie delante del otro de forma automática, sin rumbo fijo, y seguir así hasta que se hiciera tarde o se le acabaran los pensamientos.

Hacía ya seis años que la había dejado de ver, pero el tiempo parecía transcurrir tan lentamente que incluso a veces parecía que había sido apenas unos meses antes cuando la vio nuevamente y por casualidad en el centro de la ciudad. Llevaba un vestido azul marino, iba sola y se había pintado los labios de rojo, lo cual a Jonathan le pareció un poco extraño porque ella no solía hacerlo así, no al menos mientras estuvo con él. Se saludaron a la distancia sólo con un movimiento de cabeza, él había apartado rápido la mirada para no cometer una tontería y acercarse a hablarle, invitarla un café y después decirle que la extrañaba de sobremanera. Y es que era cierto: la extrañaba mucho, extrañaba sus ojos y sus húmedos besos, sus abrazos firmes, sus pucheros cuando él la hacía enojar al no reírse de sus chistes... pero no quería que supiera, no podía permitir que su orgullo se doblegara y acudir corriendo a ella a cada instante; se decía a sí mismo todos los días que tarde o temprano ese amor debía morir.

El paso de Jonathan era tranquilo, sus manos en los bolsillos de la sudadera se cerraban en las llaves de su casa en un intento de aferrarse a algo que permaneciera en la realidad, en el aquí y el ahora, y no divagar en sus pensamientos toda la noche... pero a veces le resultaba tan imposible no perderse, no recordar. Esa noche no sabía por qué Maribel le dolía tanto: estaba sentado frente a la computadora, perdiendo el tiempo como era costumbre, y de pronto los ojos de Maribel se aparecieron en la pared frente al escritorio, con esa mirada tan característica suya, "llena de fuego, de luz" le había dicho Jonathan en alguna ocasión, y ella había sonreído tristemente. La dejó entrar en sus pensamientos, que acampara ahí toda la noche si le apetecía, porque esa noche justamente también a él se le antojaba estar con ella aunque fuera de esa manera, recordar las largas noches y las frías madrugadas en que dormían juntos, en su cuerpo esbelto acurrucándose junto a él, en cómo lo despertaba dulcemente en las mañanas con un beso. Quería sentir sus manos de finos dedos pasándose por su cabello, la piel tersa de su espalda y sus piernas, el perfume de su piel, la paciencia con la que escuchaba todas sus historias y se interesaba en ellas aunque no las entendiera en absoluto; quería platicar con ella, preguntarle si se acordaba de los hot cakes quemados que le preparó una vez, si había leído el último libro de Haruki Murakami y qué tal le había parecido, si había seguido escribiendo como antes, si ya había decidido a dónde viajaría las siguientes vacaciones.

-¿Cómo estás, Maribel? - Dijo Jonathan en voz baja, como si ella estuviera a su lado y lo escuchara - ¿Qué sueño has cumplido hoy, qué nueva idea tienes en esa mentesita que parece una máquina imparable?

Jonathan se sentó en un columpio en el parque cercano a su casa y comenzó a mecerse con distracción. La tristeza le oprimía el pecho, le dolía y sintió como la tristeza se agolpaba en sus ojos. Lloró ahí sólo, sentado y a mitad de la noche, lloró como no había llorado desde hacía mucho tiempo y se abrazó una y otra vez al recuerdo de Maribel, hablando quedamente a un oído imaginario. Le pidió disculpas por no haber contestado su mensaje esa mañana, por haberla ignorado, por estar ausente desde tiempo atrás.

"Los sueños se vuelven realidad" Había escrito Maribel al pie de una foto que le envió y en la cual lucía una amplia sonrisa, de esas que ella no acostumbraba a dibujar en su rostro, y al fondo se observaba en todo su esplendor el avión que Jonathan intuyó, estaría próxima a abordar. Esa mañana Jonathan estaba ocupado, se le había hecho tarde para el trabajo y leyó el mensaje mientras conducía a toda velocidad por una de las avenidas principales de la ciudad. No le prestó importancia y arrojó el celular al asiendo del copiloto, más preocupado por llegar a tiempo al trabajo que por contestar. Después, un segundo mensaje apareció en la misma conversación: "Siento que te molestara, sólo te lo quería compartir..."

No hubo más mensajes de ella. Él pensó en contestar una vez que llegara al trabajo, pero se olvidó por completo debido a todos los pendientes urgentes a realizar; pensó fugazmente en contestar durante la hora de comida, pero su jefe decidió que era buena idea comer juntos; pensó y pensó mil veces contestar, pero mil y un veces se olvidó de ello. Nunca hubo respuesta. Era el primero de Febrero.

Para esas horas, el frío ya había empeorado y calaba hasta los huesos. Jonathan salió de su ensimismamiento al notar cómo se entumecía su cara, húmeda por las lágrimas, y emprendió el camino de regreso a casa, decidido a pensar y hablar largas horas con Maribel mientras se acurrucaba en su cama y en sus pensamientos junto a ella. 

Los pasos resonaron fuertemente en la sala de su casa, poco después se encendió el motor del refrigerador y eso fue lo único que rompió el silencio. Jonathan se dirigió a su cuarto, encendió la luz de la mesilla de noche y se sentó a la orilla de la cama, en medio de la oscuridad, con la vista fija en sus rodillas. Junto a la lámpara, un viejo recorte de periódico ya amarillento y desgastado por el paso del tiempo yacía inerte; Jonathan le había puesto a mano la fecha de la edición: 2 de Febrero del 20...

"Vuelo de Aeroméxico con destino a la ciudad de... se estrella. No hay sobrevivientes"

martes, 2 de junio de 2015

Todavía te queda mucho por hacer

Menos mal que no eres una persona perezosa, que siempre se te vio yendo de un lugar a otro, llena de energía y sin respingar que estabas cansada. Menos mal que siempre fuiste así, porque todavía te queda mucho por hacer.

Todavía te quedan muchas personas a las cuales conocer, a quienes debes hacer reír con tus ocurrencias; hay niños con quienes compartir tu sonrisa y tu entusiasmo, adultos a los cuales recordar que preferirán tener arrugas por tanto reir, que un cáncer por no parar de llorar; mujeres a quienes alegrar ese largo camino de ser amiga, esposa y madre, y hombres a los cuales enseñar que la fortaleza también se puede mostrar con una sonrisa.

Te queda hacerte notar entre las multitudes, acercarte a las personas y conversar como si los conocieras de años, contarles tus anécdotas y de cómo fuiste y haz sido la única persona en hacer reir al Rector de la Universidad. Te falta abrazar a muchas personas, apoyar a tu familia, aconsejar a tus amigos, levantarte por las mañanas y preguntarte de qué manera cambiarás el mundo; todavía tienes que arrancar carcajadas con tus comentarios fuera de lugar, con esas metidas de pata que dabas pero de las cuales siempre salías bien parada, dar claro ejemplo de como no deben comportarse en ciertas situaciones y ejercer tu carrera de la manera menos convencional.

Ahora que no estás, a nosotros nos queda tu entusiasmo para hacer las cosas, tu manera de relacionarte con los demás, tus comentarios, tu risa y tu desfachatez. Nos queda la importancia de vivir plenamente cada día, de dejar de lado la opinión de los demás y mostrarnos como somos, porque siempre te destacaste por esa autenticidad total; nos quedan personas por conocer y a quienes no podrás hacer reir, arrugas que tu no tendrás, cánceres que no habrás de padecer y fortaleza que al igual que tú, debemos mostrar con una sonrisa.

Nos quedas tú entre nosotros, tus enseñanzas y tu inmortalidad... porque quien vive en los corazones de los otros, vive para siempre.

Todavía te queda mucho por hacer Gio, y ojalá lo puedas completar a través de nosotros.

=En memoria de Georgina Vázquez Ortega=

jueves, 7 de mayo de 2015

México da miedo

México da miedo, ya no se pude vivir tranquilamente pensando en los planes que se tienen, en lo que queremos lograr o en el patrimonio que queremos forjar en base a nuestro trabajo. Nos bombardean todos los días y a todas horas, por todos los medios, de noticias en las cuales únicamente figuran la violencia, el narcotráfico, los secuestros y los asesinatos tanto de personas involucradas en el crimen organizado como de civiles que tuvieron la mala fortuna de encontrarse en el lugar menos indicado y a la hora menos adecuada, justo cuando un grupo armado abría fuego a diestra y siniestra contra el grupo contrario.

Estamos en la mira del mundo, pero no porque nos estemos desarrollando como una potencia mundial, sino porque otros países alertan a sus habitantes de no visitar el país a menos de que sea "estrictamente necesario", como es el caso de Estados Unidos de América, quien levantó alerta en México e hizo la anterior invitación. Y al igual que ellos, decenas de países advierten de la inseguridad en México y protegen a su gente de males innecesarios, incluso haciendo énfasis que en destinos turísticos también ocurren situaciones graves como de desaparecidos, secuestrados o asesinados. Existió ya el caso de la mujer canadiense encontrada en una fosa común de Oaxaca, también de la Ucraniana desaparecida en las costas del este; están documentadas las violaciones a las españolas en Acapulco, los americanos estrangulados en su casa de retiro, el ciclista atropellado, y tantas historias de terror que no han sido contadas por los medios mexicanos.

Sin embargo, la situación en México es mucho más cruda de lo que abordan los medios comunicativos extranjeros, y las personas aquí lo vemos de una manera distinta y frustrante: el futuro se ve negro.

Los empresarios son secuestrados o extorsionados, deben pagar ciertas "multas" a algunos grupos para poder operar sus negocios (a veces tiendas de abarrotes pequeñas) con la autorización y bendición de quien ocupe la región geográfica; los hijos de personalidades pudientes e influyentes deben ir con cuidado de con quien se meten, qué publican en las redes sociales y con quién se juntan (o los secuestran, o los utilizan de cebo); los estudiantes destacados en algunas disciplinas como Química se ven tarde que temprano en el aprieto de decidir entre trabajar para un cartel o morir. Los campesinos deben prestar sus tierras para siembra de algunas plantitas ilegales en el país, los choferes son obligados a acarrear mercancía ilegal de un lugar a otro, los músicos deben amenizar las fiestas de la gente poderosa. Los niños no corren con mejor suerte: aquellos que son identificados como sobresalientes (y por falta de un sistema adecuado para cubrir las necesidades de éstos) son usados para fines delictivos, y a los demás los contratan como observadores. La realidad es que no puedes hacer nada ni ser nadie sin estar expuesto a la muerte.

Hace un par de meses asesinaron a una mujer cerca de casa, la encontraron golpeada, semidesnuda y en estado de putrefacción; cientos de mujeres desaparecen todos los días, cientos de personas son asesinadas y echadas a una fosa clandestina, en un vertedero de cadáveres al pie de la sierra y sin que nadie los busque o los reclame. La gente tiene miedo de hablar, de denunciar a los agresores, a los ladrones, al vecino que vende droga, al marido que golpea o a los hijos que robaron. Conocen a los delincuentes más buscados por nombre, cara y apellido, pero hasta la policía mata.

Siento que ya no puedo ser nadie en México, que no puedo ser visa, que no se pueden compartir los logros, que no puedes salir a la calle sola porque te expones a violaciones o raptos, que no puedes denunciar, ni hablar, ni expresarte porque te hacen callar a balazos. México da mucho miedo, da miedo despertar, caminar, viajar, ir al trabajo, salir con amigos, estudiar, reir, hasta ser bonita... da miedo vivir, y da más miedo aún que un día te topes con la parca de frente... y sobrevivas para contarlo.