miércoles, 9 de marzo de 2022

¿Falla el feminismo en México?

México es uno de los países que es más conocido por la violencia, la corrupción y la impunidad de los delincuentes, sobre todo de aquellos de cuello blanco que cuentan con un gran poder político o adquisitivo, aquellos contra quienes no se puede hacer nada, a pesar de que las evidencias apunten todas en su contra; son estas mismas personas al poder quienes estarán buscando siempre un beneficio personal sin importarles si tienen que pasar por encima de personas inocentes o familias enteras; es el poder de éstas personas lo que las mantiene impunes, y es que basta solamente con recordar casos tales como el de Succar Kuri, el libanés que lideraba una amplia red de pornografía infantil en México y que gozaba de una protección envidiable por parte de altas figuras mexicanas. El caso de Kuri podría ser solamente la punta del iceberg, ¿cuántos más -iguales o mucho peores- siguen en las sombras?

 

Otra parte de la historia que aqueja al país es la casi nula protección que se le da a las víctimas de algún delito, y es que parece que las leyes mexicanas protegen más a los delincuentes que a los agraviados, además de que Derechos Humanos parece no tener bien claras las prioridades de su existencia, dando ventaja y -nuevamente- protección a las personas que perpetúan un acto delictivo, y no a las víctimas en sí. Recordemos que se han registrado casos en los cuales, por ejemplo, mujeres que se han defendido de una violación y asesinado a su agresor, han sido encarceladas, y eso sólo es una muestra de las deficiencias del sistema judicial.

Desde la aberración de silenciar a las personas por intereses políticos o “saber demasiado” hasta la revictimización de mujeres, pasando obligadamente por la ineptitud de los cuerpos policiales, líderes judiciales, funcionarios públicos, políticos y gobernantes, las deficiencias en la seguridad mexicana van más allá de ser algo que pueda ser arreglado con pintas, destrozos y gritos de “ni una más, vivas nos queremos”, estamos hablando más bien de una interiorización centenaria de que las cosas se arreglan con violencia, que las personas son una posesión y que la frase “si no eres mía/o, no serás de nadie” es una forma legítima de justificar un serio trastorno mental y una falta de educación basada en los valores. A las personas se les enseña a callar, y digo personas porque realmente no es algo exclusivo de un género; se enseña que si eres hombre, no debes llorar o mostrar debilidad; que si eres mujer y tu pareja te violenta, es algo normal que tienes que aguantar porque “es tu cruz”. Se enseña que un hombre golpeado por su novia o esposa es un “maricón”, que un homosexual puede ser ultrajado por otros hombres porque “es lo que le gusta”, que la mujer que usa ropa que muestra su cuerpo puede ser asediada, tocada o incluso violada porque “es lo que pide a gritos, por eso se exhibe”; se revictimiza a las víctimas de algún delito bajo un doblemoralismo estúpido que juzga el valor de la vida humana por el horario en que se encontraba fuera de casa, si consumía alcohol, por la forma de vestirse, los gustos personales, sus amigos, raza, etnia, profesión/oficio, nacionalidad, o si pertenecía a alguna tribu urbana, como si una cosa o la otra hicieran menos humana a una persona.

Con lo anterior hay que tener bien en cuenta que de ninguna manera se debe proteger a los delincuentes bajo el argumento de que “se violentan sus derechos humanos”, como se han dado infinidad de casos en los cuales incluso se ha llegado a pagar una indemnización a secuestradores (del erario público). Aquellos transgresores de la ley deben recibir un castigo justo de manera indiscriminada.

Eso es únicamente una parte de las deficiencias que nos cobijan, también encontramos: procesos de denuncia engorrosos, tediosos, revictimización de la persona afectada, personal poco capacitado, “pérdida” de expedientes, “deficiencia” de pruebas, e incluso la declaración de culpabilidad por parte del acusado, la cual no es válida para determinar la sentencia; la liberación del acusado después de pago de una (ridícula) multa de reparación de los daños o fianza, trato inhumano a las víctimas, o incluso la declaración de culpabilidad ante el crimen por el que se juzga, la cual no puede ser tomada como evidencia para decidir la sentencia final (por obvias razones en México). Son muchísimos los casos que han sido desestimados por las anteriores mencionadas u otras tantas razones absurdas que no fueron enunciadas.

Muchas veces nos centramos en desacreditar el movimiento feminista diciendo que no tiene pies ni cabeza, que sus exigencias van en contra de la integridad moral y física de otras personas, que transgrede los derechos humanos, que no son formas y que “si tanta igualdad quieren, deberían poner el ejemplo”. Recordemos casos como el de Lydia Cacho, quien fue perseguida y encarcelada por dar a conocer la red de pornografía infantil de Kuri en Cancún; o a Verónica Villalvazo, mejor conocida como Frida Guerrera, quien ha sido amenazada de muerte por investigar feminicidios en México. Recordemos a Malena, la saxofonista que fue quemada con ácido por su expareja, diputado del PRI, que quedó en libertad, o también a Marisela Escobedo, quien investigó, atrapó y entregó a los asesinos de su hija, quien se manifestó de manera pacífica en múltiples ocasiones, sin destrozar ni rayar, sin destruir, sin gritar, y aún así terminó siendo asesinada y el crimen de su hija, impune.

Concluyamos entonces un extensísimo tema que tiene diversas aristas bajo una frase concreta:

NO FALLA EL FEMINISMO, FALLA EL GOBIERNO.

martes, 3 de diciembre de 2019

Paz emocional

La mayor parte del tiempo, sobre todo después de los primeros meses, uno tiende a ser bombardeado de preguntas absurdas y comentarios que no son solicitados: "¿cómo te sientes?", "fue lo mejor", "¡Nunca encontrarás a alguien como él/ella!", "ya no estés triste", y más allá de los comentarios de los otros, la peor batalla se vive contra uno mismo y sus constantes cuestionamientos relacionados al arrepentimiento y negación, los clásicos "¿Y si...?" o "hubiera" que ya no tienen ningún sentido porque... pues porque simplemente lo pasado, pasado.

Y entonces uno se hunde: tienes que llegar hasta el fondo del abismo, ahí donde parece que no llega la luz ni el calor de ninguna fuente, y encerrarte en tí mismo durante días, meses o incluso años dependiendo de qué tan largo y significativo fue tu viaje, y contemplar tu vida y tu relación pasada a través del cristal de la añoranza y de autoflagelación porque tuviste la culpa de todo... y llorar amargamente, sin freno, sin tope, llorar hasta que los ojos se hinchen y termines dormido entre la inmundicia de tu pensamiento, porque al dormir las cosas no se mejoran: siguen igual... y a veces son peores.

Un día, sin embargo, no te queda de otra más que levantarte, sacudirte las rodillas y el corazón, echarte agua en la cara y seguir con lo que estabas haciendo; ¡Uno no se puede dar el lujo de estar tirado en la cama! Necesitas trabajar y pagar la renta, los servicios, la comida, las croquetas de la bendición, la mensualidad del coche. Tienes que comprar el regalo para tu mamá porque ya está por cumplir años, el regalo de tu colega en el trabajo porque entraste a un intercambio de $50 pesitos; te obligas a tí mismo a mover las nalgas fuera de tu habitación y a recorrer las calles en busca de esos calcetines calientitos o los guantes baratos, y de pronto te sorprendes tu misma probándote una blusa que te encantó, o analizando los escaparates de las tiendas, o comprando un helado porque es bueno para matar el hambre (y es que no recuerdas cuando fue la última vez que comiste)

Pasarán los días; las semanas se volverán meses, los meses, años... y un día, cuando menos lo notes, estarás en paz. No te preocuparás por estar rogando atención, ni vivirás con al sosobra de dónde está la otra persona, si está con alguien más, si le coqueteará a la vecina o a la compañera de trabajo. Te sorprenderás sonriendo porque tienes una cama matrimonial que no debes compartir con nadie, te pondrás el mini-vestido que te encanta y que habías dejado de usar porque a él no le gustaba, y sobre todo te darás cuenta que lo mejor que pudiste haber hecho fue dejar de hacer aquello con lo que no eras feliz: a tu pareja, tus malas amistades, tu familiar tóxico, tus vicios destructivos, el trabajo esclavizante... y es que la mejor manera de acabar con los males, es eliminar de raíz lo que te causa ese malestar; no es fácil (nunca nadie dijo que lo fuera), pero es sano.

La gente te va a criticar, te dirá que debiste haber hecho tal o cual cosa, pero nunca nadie, JAMÁS, te preguntará si eres feliz.. y justamente eso es lo que más te debe importar.

jueves, 31 de octubre de 2019

La invisibilidad en el trabajo

Jamás he sido una persona de lo más sociable, eso es algo que todo el mundo sabe; sin embargo, eso no me ha impedido que en uno que otro momento busque realizar alguna acción o ayudar a las personas que me rodean, aunque sea con acciones pequeñas que puedan resultar insignificantes para muchos. Por ejemplo: alguna vez, después del fallecimiento de una empleada de la empresa, colaboré con un poco de dinero para los gastos funerarios, me llevo al trabajo a compañeros que vivan por el rumbo, si puedo les enseño a otras personas algunos tips para hacer su trabajo más rápido e incluso he apoyado a que busquen un nuevo trabajo cuando ya están hartos de lo que están haciendo.

Hace un par de semanas, por poner un ejemplo, me hicieron llegar una invitación para participar en un congreso bastante atractivo que congregaba a muchas empresas importantes del estado. Se comunicó la información tanto formal como informalmente (vía e-mail y whatsapp), y nunca se tuvo ningún tipo de respuesta. Cuando llegó el día del evento, mi jefe me solicitó enviar fotografías al grupo para "tener evidencia"... pero esa evidencia solamente sirvió para que la persona encargada del área comercial reclamara "porque no se le comunicó del evento", pese a que sí se dio a conocer la invitación.

Obviamente, para ésta persona, sus argumentos fueron invalidados con un "no vas a llevar cocos a Colima"

De mi jefe, aquél que exigía las fotografías, no existió aprobación pública. Me recuerda mucho aquella... ¿qué es? ¿Paradoja? La de "si un árbol cae un bosque y no hay nadie para escucharlo, ¿hace algún sonido?" La cuestión aquí es que no se trata de que me encuentre sola y no haya nadie que me vea o escuche, sino que la invalidación de mi existencia se da de forma completamente consciente en un ambiente repleto de gente.

Hoy, en otro ejemplo, se me ocurrió que era una buena idea compartir con los colegas que se estaba haciendo recaudación de tapitas, el famoso tapatón, que tiene la finalidad de otorgar quimioterapias gratis a niños con cáncer. Como se trataba de algo informal, se hizo la invitación vía whatsapp, y nadie hizo algún comentario al respecto. Mi jefe, por su cuenta, me comentó que "había que ligarlo a responsabilidad social"... porque obviamente, la cultura de la empresa es "fomentamos la cooperación para el crecimiento, y la retribución que tienen los empleados que aportan ideas es que tienen la satisfacción de que las cosas se están haciendo bien"

A chingar a su madre la pirámide de Maslow.

Al final resultó que "ya existe una iniciativa así" y que buscara empatar ambas. Decidí que no permitiría que una acción propia que pasó completamente desapercibida cobrara fuerza y sirviera de pedestal para autoproclamarse responsables sociales para otro departamento que hasta el momento brilló por su ausencia en temas de responsabilidad social.

No: mi área no es "la más importante" en la nueva "casita de valor" (que así llaman al nuevo modelo organizacional), porque ciertamente genera ningún tipo de ganancia.

Chinguen a su madre...

jueves, 25 de julio de 2019

La tranquilidad del adiós

En terapia Gestalt dicen que es muy beneficioso trabajar en cerrar ciclos, despedirse y desapegarse de las cosas que a uno le molestan con el fin de poder completarse y avanzar al siguiente nivel. A veces los círculos que construyen nuestra vida están ahí abiertos, flotando en nuestro inconsciente, y es a pesar de que no es complicado cerrarlos, si nos resistimos puesto que implica tomar terapia, echarse un clavado al interior y luchar contra todos esos demonios internos que tenemos.
Yo no lo busqué, sino que él fue quien vino a mi. Yo no intentaba tener algún tipo de contacto con él... ¿para qué? Ya había pasado, ya estaba convencida de que solamente se trató de una persona que estaba de paso, que me enseñó lo que me tenía que enseñar y se fue sin decir nada, sin encarar las cosas y simplemente siendo la persona inmadura que siempre, en mi interior, supe que era. Por dentro, sin embargo, también siempre supe que había algo en toda la historia que no me terminaba de convencer, y es que jamás tuve la oportunidad de decirle todas las cosas que quería, de frente, sin que me temblara la voz y con la seguridad de que definitivamente en ésta ocasión quería que quedara bien claro que no tenía interés de que volviera a mi vida....

Y pasó. Un año después de todo, pasó, y me vino a buscar y a pedir perdón por todo lo que había hecho, porque la había regado en la relación, porque ahora resulta que pudiera ser que se va del estado y se quiere llevar la conciencia tranquila después de todo. Me dijo todo lo que ya sabía: que era un inmaduro, que no supo cómo manejar la relación, que se decantaba más por ser exitoso en su trabajo (trabajo que ya dejó) y no tanto por las relaciones personales; me dijo que había entendido muchas cosas y que estaba trabajando en otras tantas. Me dijo que jamás estuvo del todo desprendido de mi, que seguía preguntando a sus amigos cómo estaba, buscando hacerme regalos sin que supiera que habían sido de su parte (anda, que no soy pendeja...) pero que tampoco fue capaz de hablarme, llamarme, mandarme un mensaje, hacer algo por encontrarme, hasta ahora.

Y yo, sentada frente a él, con una inmensa tranquilidad, sin miedo, sin nada qué esconder, sin remordimientos de conciencia, habiendo esperado más de un año, por fin se lo pude decir:

-Estás bien pendejo....

Y se sintió bonito.
Y estuvo bien.

viernes, 5 de abril de 2019

Trabajar me está destruyendo

No me gusta mi trabajo, la verdad es que el último que realmente me gustaba porque implicaba que no tenía que relacionarme con nadie directamente fue uno que dejé hace ya casi dos años. Era perfecto: podía ponerme a escuchar música mientras hacía mis investigaciones, sin tener que hablar con la gente, y solamente dedicarme a presentar los resultados a través de la plataforma o de terceros a quienes no conocía... no podía pedir nada más.

Nada salvo no tener el jefe directo tan idiota que tenía... pero ese es otro tema.

Realmente las actividades de los trabajos no son algo que me desagraden del todo, pero por lo general tiendo a ser muy susceptible a las relaciones con mis compañeros. Por lo general tiendo a mantenerme al margen, hablar cuando es necesario y presentar resultados nada más; no suelo hablar mucho de mi vida personal, he aprendido a no tener mucha confianza con algunas personas, pero al final de todo siempre hay cosas que me superan y comentarios que me sacan de quicio de tal manera que en verdad pienso en renunciar como única alternativa de liberación.

Hoy por hoy, trabajar me está destruyendo lentamente: a pesar de que siento empatar con los ideales de la empresa para la cual trabajo, a final de cuentas me percato de que no hay realmente ese compromiso por parte de los demás en cuanto al manejo de la compañía hacia sus fines establecidos: un día dicen una cosa, al siguiente día actúan bajo otra ideología, y sobre todo uno tiene que estar aguantando los malos tratos y los desplantes de los demás como si se tratara de un lujo estar en el puesto o en la empresa, como si me debiera sentir orgullosa por pertenecer al nuevo concepto de esclavo.

Trabajar me está quitando la vida: paso 11 horas de mi día encerrada en una oficina, personificando espléndidamente el concepto de "Godinez",  redactando correos electrónicos que poco sentido tienen, haciendo actividades que no van a ser lo suficientemente productivas en algún momento. Durante 11 horas además tengo que estar cumpliendo con los mandatos de otros trabajadores, con los indicadores, con las actividades y, desde luego presentar resultados, mismos que se deben de alguna manera maquillar para que no me toque una regañada segura.

Trabajar me está destruyendo el autoestima mediante acciones obligadas que implican adjudicarme los errores de los demás como si fueran míos, simplemente porque las indicaciones no fueron comunicadas en tiempo y forma, o simplemente porque los errores fueron de otros pero por jerarquía me tengo que responsabilizar (aunque sea moralmente) de ellos. Me destruye la autoestima en el sentido de que las ideas aportadas difícilmente son tomadas en cuneta, pero después alguien se las apropia aunque no hayan salido de su mente; a veces, si esas ideas salen mal, entonces sí indican que fueron mías, de otro modo siguen siendo de alguien más. Me destruye la autoestima porque soy una persona que no facilite va a ceder ante las peticiones estúpidas de los demás, porque soy una persona que manifiesta si algo no le agrada y no de las que simplemente agacha la cabeza y hace lo que le piden; suelo a veces cuestionar las acciones de los demás, suelo a veces también negarme a hacer algunas actividades con causa justificada, y al parecer eso no es bien visto en las empresas.

Trabajar está terminando con la confianza con las demás personas ya que me doy cuenta que son muy pocas aquellas en quienes puedes confiar, y las hipócritas que manipulan la información bajo su propio interés son la gran mayoría. También me doy cuenta que lo mejor es jamás dar indicio alguno de lo que te molesta, porque siempre habrá alguien que estará al pendiente de cada una de tus acciones y se colgará de ellas para hacerte sentir mal en cualquier oportunidad que tenga.

No sé quien nos dijo que debíamos levantarnos temprano durante al menos 5 días a la semana, vestir formalmente, ostentar un título universitario, que nos digan "señor", "licenciada", que nos nombren jefe o supervisor solamente por alimentación del ego y esperar 6 días de vacaciones al año era motivo de orgullo y, encima, uno se debería sentir agradecido.


viernes, 12 de enero de 2018

Royal Prestige

No entraré mucho en detalles de por qué fui a dar a esta pseudoempresa porque realmente no es algo intereante; lo que realmente importa es que sepan cómo fue mi experiencia AUNQUE (y enfatizo esta parte) sin generalizar y decir que todos piensan igual.

Tuve la "fortuna" de que se me ofreciera un puesto "gerencial", lo cual no es otra cosa más que un nivel más alto de una pirámide de ventas de sartenes hiper carísimos. De entrada te dicen que vas a tener a un grupo de personas a tu cargo, que vas a tener cierto porcentaje de ganancias de acuerdo a lo que los demás vendan y que también tienes una ganancia cuando alguien sube de nivel (Si: es un sistema piramidal aunque ellos no digan que así es). Te establecen también un sueldo fijo y dicen que eso es lo mínimo que vas a ganar de forma mensual.

Todo aparentemente bien, todo parece ser "bonito".

El primer día de trabajo te enteras que si llegas tarde (aunque sea un minuto) te cobran $200 pesos por tu retardo; a momento de firmar el contrato, te enteras entonces que el sueldo cotizado ante IMSS y todas las dependencias importantes es del mínimo... algo así como $92 MXP. Te dicen también que una parte de tu nómina se va a depositar en una tarjeta mientras que la otra se te da en efectivo (si: de esta manera evaden impuestos). Otra cosa que te dicen es que vas a tener un entrenamiento de dos semanas en ventas para que sepas como funciona todo y que aprendas a manejar a tu equipo una vez que te lo entreguen, cosa en lo que estoy de acuerdo totalmente. Para finalizar, te hacen firmar un PAGARÉ EN BLANCO, con el cual te comprometes a que, en caso de que alguno de tus vendedores no entregue el dinero o se dé a la fuga con ollas, tú tienes que pagar el monto total.

Otra cosa que hay que resaltar es que la empresa no está registrada como una razón social, sino que se trata de una persona con actividad empresarial. La oficina está a su vez regida por un "líder", que es un hombre super prepotente. con la risa más falsa e hipócrita que he escuchado en mi vida.

Después de firmado el contrato, haces acto de presencia en una sala de juntas en la cual todos los presentes (colaboradores, desde luego) tienen el cerebro lavado y te hacen pensar que viven en un ambiente de fiesta, alegría y que es el mejor empleo del mundo. A mi, en lo personal, me fastidió mucho la actitud hipócrita con la que se acercan a decirte "oh, te va a gustar mucho, todos te vamos a ayudar" porque son puras ¡MENTIRAS!. Posterior a eso te asignan a un entrenador (siempre un gerente) y empieza la tortura real.

Paso 1: conseguir "prospectos". Te piden que llames a 10 conocidos y asignes presentaciones para que vayas practicando tu speech y aprendas a realizar una presentación del producto. Dicen que no hay compromiso de venta, pero que piensen en alguien que si te pueda comprar. Como muchos, lo que yo hice fue buscar amigos que me hicieran el favor de recibirme porque se supone que solo es por entrenamiento, sin embargo te dicen que es necesario que sean clientes potenciales, de lo contrario te llaman la atención.

Paso 2: Presentaciones. Las primeras presentaciones se harán en compañía de otra persona, la cual ya es más experimentada, y te hará tomar notas de todo para que veas como se hace. En este paso también te piden referidos bajo el concepto de que si una cantidad de ellos te acepta en su casa, los que te pasaron el contacto se ganan un premio elegido previamente de un catálogo... y entonces les pides que llamen a prospectos para agendar la cita de una vez y repetimos: ir a casa a hacer la presentación, tratar de cerrar una venta, pedir referidos, hacer cita... y asi. Las presentaciones son totalmente estructuradas, todos dicen exactamente lo mismo y si cambias un poco lo que dicen, se quedan como pollos sin cabeza.

Otra parte del entrenamiento es fungir como presentador de apoyo: los apoyos van a donde uno de los "gerentes" tiene una presentación y ayuda a cortar verduritas, poner videos, acomodas las cositas o explicar lo que se pida. En estos casos hay que poner buena cara y parecer la persona más feliz del universo, pero en realidad es una mentada de madre. Dicho sea de paso, NO EXISTE APOYO EXTRA PARA GASOLINA.

Paso 3: Cerrar la venta. Y es que no importa que te hayan dicho que estás en entrenamiento y que no es necesario vender, ellos te van a pedir que cierres la venta a como de lugar o de lo contrario va a haber una penalización para ti... porque obviamente, no les estás dando ganancia.

¿Qué me pasó a mi?
Al tercer día y después de ver una presentación con una de las personas más hipócritas de la vida, con un speech aprendidísimo, una incapacidad total para cerrar ventas y una prepotencia descomunal, me tomé un par de tequilas y decidí que ya era demasiado. Al siguiente día llamé un amigo para hacer la última presentación, le di una serie de lineamientos e instrucciones y prácticamente todo fue manipulado enteramente. Me hice la loca el resto del día y el viernes por la mañana fui a renunciar.  Engañar a la gente de esa manera no es lo mío, venderle a alguien un juego de sartenes de más de 30 mil pesos no es lo mío... y, por cierto, por más que digan lo contrario, las verduras al momento de hacer su mentado pollo a la campesina sí se contaminan del sabor del pollo ¬¬

No dudo que haya personas a las cuales les vaya bien en el negocio, pero para mi no funcionó en absoluto: ganar el mínimo, gastar en gasolina, moverte por la ciudad y estar todo el tiempo dando la misma presentación de ollas.. no, no gracias.

Así que, si alguien es igual que yo, neta ni se pare en Colosio #603, al lado del Gimnasio Forza; no caigan en la trampa de Corporativo Noely o Visue Company porque no van a ser gerente de nada, solo vendedores con compromiso de vender chingomadral al mes. También se conocen como Dimaral o Maevy, que son "estructuras", pero todas son lo mismo.

jueves, 7 de julio de 2016

Avion

Corres de un lado a otro, la ansiedad ya se está haciendo presente... "¿y cuál es mi asiento? ¿Y mi maleta roja? ¿Dónde dejé el pasaporte?". Nada tiene sentido y parece que todo se pone en su lugar al mismo tiempo. No conoces el destino, solo sabes que debes abordar.

-¡De prisa! - Te gritan alguien al fondo de la sala de espera.

Tu no te preocupas.. ¿para qué? De cualquier forma, ese avión nunca va a despegar.

lunes, 8 de febrero de 2016

Único deseo

-Toma - Me dijo con su voz áspera - Te va a servir.

Extendió hacia mi un libro casi tan desgastado como mis energías y mis ganas de salir adelante. No tenía ni una sola letra en la cubierta que me diera un indicio del contenido del libro; se notaba que había pasado por varias manos antes de llegar a mi, sin embargo se mantenía entero, con todas sus hojas perfectamente cosidas por el lomo pero ya amarillentas por el paso de los años.

Lo guardé en mi bolso y ahí pasó los siguientes 7 días. A veces recordaba que estaba ahí, pero por prisas u otros quehaceres lo dejaba olvidado nuevamente bajo la promesa de que lo leería después. A veces tenía la impresión de que me gritaba que lo liberara, que necesitaba sentir el viento, ver la luz del sol; su insistencia fue tanta que una noche, en punto de las 3:00 am, me levanté decididamente a saber de una vez por todas de qué iba aquel libro.

Las primeras 11 páginas estaban totalmente en blanco, no había manera de suponer que en algún momento existió en ellas alguna palabra ya que su superficie lucía lisa, con un tono uniforme y sin un rastro de tinta, marcas o rayón. En la página 12, como encabezado y escrito con una caligrafía perfecta, se leía aún claramente "Invocación". Me llevó un par de minutos darme cuenta que aquello era una especie de conjuro, de invocación a un ser de quién sabe qué plano o de qué tipo, y una voz en mi cabeza me orilló a leer aquello de inmediato.

Iniciaba con una pequeña reseña, seguido de indicaciones generales para preparar un lugar específico en casa, totalmente a oscuras, en donde se realizaría una especie de meditación inicial. No hablaba de ningún tipo de precaución que se debiera tomar, iba al grano:

 "Manténgase sentado, con la espalda recta y los hombros relajados; use una vela para iluminar el libro, recite lo siguiente y espere 10 minutos con los ojos cerrados. Bajará a un nivel de relajamiento extremo, sentirá sus extremidades adormecerse y algo entumecidas. Después de dicho tiempo, abra sus ojos lentamente y recite las siguientes palabras..."

Seguía una serie de palabras, un conjuro, cosas que no entendía y que eran una mezcla de latín y algún otro idioma extraño. 

Me senté en la única silla de mi habitación, apagué las luces y encendí una vela que guardaba en el cajón de la mesita de noche para alguna emergencia. Hice las cosas al pie de la letra, sentí mis brazos y piernas hormiguear incontrolablemente, vibrar, sentí como se calentaba mi frente de forma extraña y mi corazón palpitar excitado. Leí cada una de las palabras tal y como creí que sería adecuado, respeté cada punto y coma del texto,.. y esperé.

3 minutos le tomó manifestarse: era una mujer extraña, de cabello negro, muy largo y lacio. Era bas.tante alta, debería medir alrededor de 1 metro 90, iba vestida de negro. Sus ojos eran penetrantes, se veía en ellos una luz extraña, tétrica; parecía sonreír, pero simplemente era que su boca era increíblemente grande, y de ella salía una lengua desproporcionalmente larga. Escuché su voz en mi cabeza, una voz dulce que no cuadraba con su imagen.

-¿Qué quieres? ¿Dinero, amor, éxito? Lo que sea lo puedes tener, te lo puedo dar.

Y como por arte de magia lo recordé. Era él quien me hacía falta en mi vida, a quien deseaba tener nuevamente a mi lado en las madrugadas, con quien deseaba trasnocharme mientras hablaba de todo y nada a la vez; sabía que estaría bien con él, que podría enfrentar cualquiera cosa que se viniera si me sujetaba la mano, si me besaba, si me iba a buscar de vez en cuando al trabajo y me reprochaba mi falta de caracter. Era él mi único deseo, el amor de mi vida.

-Quiero que él sea feliz - Fueron mis palabras finales.

No, no es que haya sido una tonta por desperdiciar semejante oportunidad de tener cualquier cosa, sino que él es simplemente la persona a la que más amo en la vida... y el acto más grande de amor que puedes hacer por una persona es permitirle ser feliz

domingo, 20 de diciembre de 2015

Recortes

Jonathan salió a dar una vuelta esa noche; el clima era un poco frío, como todo primer día de Febrero, así que se abrigó hasta las orejas, se puso la sudadera a rayas que le había regalado Maribel en la navidad del 20..., la bufanda tejida a mano en ese mismo año y los guantes que había comprado en una tienda de San Francisco poco después. No le apetecía ir en coche, quería que se despejara su mente mientras ponía un pie delante del otro de forma automática, sin rumbo fijo, y seguir así hasta que se hiciera tarde o se le acabaran los pensamientos.

Hacía ya seis años que la había dejado de ver, pero el tiempo parecía transcurrir tan lentamente que incluso a veces parecía que había sido apenas unos meses antes cuando la vio nuevamente y por casualidad en el centro de la ciudad. Llevaba un vestido azul marino, iba sola y se había pintado los labios de rojo, lo cual a Jonathan le pareció un poco extraño porque ella no solía hacerlo así, no al menos mientras estuvo con él. Se saludaron a la distancia sólo con un movimiento de cabeza, él había apartado rápido la mirada para no cometer una tontería y acercarse a hablarle, invitarla un café y después decirle que la extrañaba de sobremanera. Y es que era cierto: la extrañaba mucho, extrañaba sus ojos y sus húmedos besos, sus abrazos firmes, sus pucheros cuando él la hacía enojar al no reírse de sus chistes... pero no quería que supiera, no podía permitir que su orgullo se doblegara y acudir corriendo a ella a cada instante; se decía a sí mismo todos los días que tarde o temprano ese amor debía morir.

El paso de Jonathan era tranquilo, sus manos en los bolsillos de la sudadera se cerraban en las llaves de su casa en un intento de aferrarse a algo que permaneciera en la realidad, en el aquí y el ahora, y no divagar en sus pensamientos toda la noche... pero a veces le resultaba tan imposible no perderse, no recordar. Esa noche no sabía por qué Maribel le dolía tanto: estaba sentado frente a la computadora, perdiendo el tiempo como era costumbre, y de pronto los ojos de Maribel se aparecieron en la pared frente al escritorio, con esa mirada tan característica suya, "llena de fuego, de luz" le había dicho Jonathan en alguna ocasión, y ella había sonreído tristemente. La dejó entrar en sus pensamientos, que acampara ahí toda la noche si le apetecía, porque esa noche justamente también a él se le antojaba estar con ella aunque fuera de esa manera, recordar las largas noches y las frías madrugadas en que dormían juntos, en su cuerpo esbelto acurrucándose junto a él, en cómo lo despertaba dulcemente en las mañanas con un beso. Quería sentir sus manos de finos dedos pasándose por su cabello, la piel tersa de su espalda y sus piernas, el perfume de su piel, la paciencia con la que escuchaba todas sus historias y se interesaba en ellas aunque no las entendiera en absoluto; quería platicar con ella, preguntarle si se acordaba de los hot cakes quemados que le preparó una vez, si había leído el último libro de Haruki Murakami y qué tal le había parecido, si había seguido escribiendo como antes, si ya había decidido a dónde viajaría las siguientes vacaciones.

-¿Cómo estás, Maribel? - Dijo Jonathan en voz baja, como si ella estuviera a su lado y lo escuchara - ¿Qué sueño has cumplido hoy, qué nueva idea tienes en esa mentesita que parece una máquina imparable?

Jonathan se sentó en un columpio en el parque cercano a su casa y comenzó a mecerse con distracción. La tristeza le oprimía el pecho, le dolía y sintió como la tristeza se agolpaba en sus ojos. Lloró ahí sólo, sentado y a mitad de la noche, lloró como no había llorado desde hacía mucho tiempo y se abrazó una y otra vez al recuerdo de Maribel, hablando quedamente a un oído imaginario. Le pidió disculpas por no haber contestado su mensaje esa mañana, por haberla ignorado, por estar ausente desde tiempo atrás.

"Los sueños se vuelven realidad" Había escrito Maribel al pie de una foto que le envió y en la cual lucía una amplia sonrisa, de esas que ella no acostumbraba a dibujar en su rostro, y al fondo se observaba en todo su esplendor el avión que Jonathan intuyó, estaría próxima a abordar. Esa mañana Jonathan estaba ocupado, se le había hecho tarde para el trabajo y leyó el mensaje mientras conducía a toda velocidad por una de las avenidas principales de la ciudad. No le prestó importancia y arrojó el celular al asiendo del copiloto, más preocupado por llegar a tiempo al trabajo que por contestar. Después, un segundo mensaje apareció en la misma conversación: "Siento que te molestara, sólo te lo quería compartir..."

No hubo más mensajes de ella. Él pensó en contestar una vez que llegara al trabajo, pero se olvidó por completo debido a todos los pendientes urgentes a realizar; pensó fugazmente en contestar durante la hora de comida, pero su jefe decidió que era buena idea comer juntos; pensó y pensó mil veces contestar, pero mil y un veces se olvidó de ello. Nunca hubo respuesta. Era el primero de Febrero.

Para esas horas, el frío ya había empeorado y calaba hasta los huesos. Jonathan salió de su ensimismamiento al notar cómo se entumecía su cara, húmeda por las lágrimas, y emprendió el camino de regreso a casa, decidido a pensar y hablar largas horas con Maribel mientras se acurrucaba en su cama y en sus pensamientos junto a ella. 

Los pasos resonaron fuertemente en la sala de su casa, poco después se encendió el motor del refrigerador y eso fue lo único que rompió el silencio. Jonathan se dirigió a su cuarto, encendió la luz de la mesilla de noche y se sentó a la orilla de la cama, en medio de la oscuridad, con la vista fija en sus rodillas. Junto a la lámpara, un viejo recorte de periódico ya amarillento y desgastado por el paso del tiempo yacía inerte; Jonathan le había puesto a mano la fecha de la edición: 2 de Febrero del 20...

"Vuelo de Aeroméxico con destino a la ciudad de... se estrella. No hay sobrevivientes"

martes, 2 de junio de 2015

Todavía te queda mucho por hacer

Menos mal que no eres una persona perezosa, que siempre se te vio yendo de un lugar a otro, llena de energía y sin respingar que estabas cansada. Menos mal que siempre fuiste así, porque todavía te queda mucho por hacer.

Todavía te quedan muchas personas a las cuales conocer, a quienes debes hacer reír con tus ocurrencias; hay niños con quienes compartir tu sonrisa y tu entusiasmo, adultos a los cuales recordar que preferirán tener arrugas por tanto reir, que un cáncer por no parar de llorar; mujeres a quienes alegrar ese largo camino de ser amiga, esposa y madre, y hombres a los cuales enseñar que la fortaleza también se puede mostrar con una sonrisa.

Te queda hacerte notar entre las multitudes, acercarte a las personas y conversar como si los conocieras de años, contarles tus anécdotas y de cómo fuiste y haz sido la única persona en hacer reir al Rector de la Universidad. Te falta abrazar a muchas personas, apoyar a tu familia, aconsejar a tus amigos, levantarte por las mañanas y preguntarte de qué manera cambiarás el mundo; todavía tienes que arrancar carcajadas con tus comentarios fuera de lugar, con esas metidas de pata que dabas pero de las cuales siempre salías bien parada, dar claro ejemplo de como no deben comportarse en ciertas situaciones y ejercer tu carrera de la manera menos convencional.

Ahora que no estás, a nosotros nos queda tu entusiasmo para hacer las cosas, tu manera de relacionarte con los demás, tus comentarios, tu risa y tu desfachatez. Nos queda la importancia de vivir plenamente cada día, de dejar de lado la opinión de los demás y mostrarnos como somos, porque siempre te destacaste por esa autenticidad total; nos quedan personas por conocer y a quienes no podrás hacer reir, arrugas que tu no tendrás, cánceres que no habrás de padecer y fortaleza que al igual que tú, debemos mostrar con una sonrisa.

Nos quedas tú entre nosotros, tus enseñanzas y tu inmortalidad... porque quien vive en los corazones de los otros, vive para siempre.

Todavía te queda mucho por hacer Gio, y ojalá lo puedas completar a través de nosotros.

=En memoria de Georgina Vázquez Ortega=

jueves, 7 de mayo de 2015

México da miedo

México da miedo, ya no se pude vivir tranquilamente pensando en los planes que se tienen, en lo que queremos lograr o en el patrimonio que queremos forjar en base a nuestro trabajo. Nos bombardean todos los días y a todas horas, por todos los medios, de noticias en las cuales únicamente figuran la violencia, el narcotráfico, los secuestros y los asesinatos tanto de personas involucradas en el crimen organizado como de civiles que tuvieron la mala fortuna de encontrarse en el lugar menos indicado y a la hora menos adecuada, justo cuando un grupo armado abría fuego a diestra y siniestra contra el grupo contrario.

Estamos en la mira del mundo, pero no porque nos estemos desarrollando como una potencia mundial, sino porque otros países alertan a sus habitantes de no visitar el país a menos de que sea "estrictamente necesario", como es el caso de Estados Unidos de América, quien levantó alerta en México e hizo la anterior invitación. Y al igual que ellos, decenas de países advierten de la inseguridad en México y protegen a su gente de males innecesarios, incluso haciendo énfasis que en destinos turísticos también ocurren situaciones graves como de desaparecidos, secuestrados o asesinados. Existió ya el caso de la mujer canadiense encontrada en una fosa común de Oaxaca, también de la Ucraniana desaparecida en las costas del este; están documentadas las violaciones a las españolas en Acapulco, los americanos estrangulados en su casa de retiro, el ciclista atropellado, y tantas historias de terror que no han sido contadas por los medios mexicanos.

Sin embargo, la situación en México es mucho más cruda de lo que abordan los medios comunicativos extranjeros, y las personas aquí lo vemos de una manera distinta y frustrante: el futuro se ve negro.

Los empresarios son secuestrados o extorsionados, deben pagar ciertas "multas" a algunos grupos para poder operar sus negocios (a veces tiendas de abarrotes pequeñas) con la autorización y bendición de quien ocupe la región geográfica; los hijos de personalidades pudientes e influyentes deben ir con cuidado de con quien se meten, qué publican en las redes sociales y con quién se juntan (o los secuestran, o los utilizan de cebo); los estudiantes destacados en algunas disciplinas como Química se ven tarde que temprano en el aprieto de decidir entre trabajar para un cartel o morir. Los campesinos deben prestar sus tierras para siembra de algunas plantitas ilegales en el país, los choferes son obligados a acarrear mercancía ilegal de un lugar a otro, los músicos deben amenizar las fiestas de la gente poderosa. Los niños no corren con mejor suerte: aquellos que son identificados como sobresalientes (y por falta de un sistema adecuado para cubrir las necesidades de éstos) son usados para fines delictivos, y a los demás los contratan como observadores. La realidad es que no puedes hacer nada ni ser nadie sin estar expuesto a la muerte.

Hace un par de meses asesinaron a una mujer cerca de casa, la encontraron golpeada, semidesnuda y en estado de putrefacción; cientos de mujeres desaparecen todos los días, cientos de personas son asesinadas y echadas a una fosa clandestina, en un vertedero de cadáveres al pie de la sierra y sin que nadie los busque o los reclame. La gente tiene miedo de hablar, de denunciar a los agresores, a los ladrones, al vecino que vende droga, al marido que golpea o a los hijos que robaron. Conocen a los delincuentes más buscados por nombre, cara y apellido, pero hasta la policía mata.

Siento que ya no puedo ser nadie en México, que no puedo ser visa, que no se pueden compartir los logros, que no puedes salir a la calle sola porque te expones a violaciones o raptos, que no puedes denunciar, ni hablar, ni expresarte porque te hacen callar a balazos. México da mucho miedo, da miedo despertar, caminar, viajar, ir al trabajo, salir con amigos, estudiar, reir, hasta ser bonita... da miedo vivir, y da más miedo aún que un día te topes con la parca de frente... y sobrevivas para contarlo.

lunes, 27 de abril de 2015

Lobotomia

Decían los antiguos estudiosos del cerebro, los neurólogos de antaño, que si lograbas separar cierta parte del cerebro o extirparla por completo se podían generar curiosos efectos en algunas enfermedades mentales. Claro que las consecuencias del procedimiento eran peores que el padecimiento en sí.

¿Y si se pudiera extirpar el hipocampo?

Quizás sería bueno, algo ideal para un momento como este: lograríamos tener total consciencia del presente y sin ningún tipo de atadura hacia el pasado. Tendríamos vida llena de locuras, sin remordimientos, sin enfado, sin ese tipo de cosas que nos hacen arrepentirnos.

Si me hicieran una lobotomía quizás me podría olvidar de tí... pero entonces ¿qué caso tendría? Estaría ahora muerta como piel de serpiente en medio de un camino en el campo, sin recuerdos de ti, sin aprendizaje de ti, sin memorias de ti... sin aquello que tú me hiciste crear, sentir, añorar, sentir; estaría sin el recuerdo de tus besos, tu aroma o tu piel.

No quiero una lobotomía, te prefiero a ti aunque seas puros recuerdos.

viernes, 20 de marzo de 2015

Del "yo te ayudo", sin aceptarlo porque "me tildas de pendejo"

Orgullo.
Yo creo que parte de la psicología del mexicano está basada, como bien lo decía Octavio Paz en su libro "El laberinto de la soledad", en aquel antiguo sentimiento de ser dominados por parte de España durante la Conquista, en el rencor que se tiene por haber perdido lo propio del mexicano ante manos de extranjeros, por la sed de venganza que nunca ha de ser saciada debido a que tenemos, entre otras cosas, mucho miedo.
Y precisamente el orgullo y el miedo vienen de la mano cuando se trata de dar y recibir ayuda: estamos acostumbrados a vivir en una sociedad en la cual no se acepta el que una persona sea mejor que tu, que el fracaso es establecido como una de las peores situaciones que se pueden dar en tu vida y de lo cual ya nunca te puedes recuperar porque es catastrófico, terrible, el quinto jinete del apocalipsis, el pecado jamás borrado de tu vida y la mancha en el historial que procurarás nunca dar a conocer.
Lo curioso de este caso es que también culpamos a los demás de nuestros fracasos, sin atrevernos a aceptar que nosotros no estábamos haciendo las cosas adecuadamente, pero también -y volvemos al tema- nos topamos con la cultura de la cubeta de cangrejos (donde el que quiere salir, es jalado por el resto que está en el interior del bote). Y también de ahí que muchos proyectos que se tienen de manera social NO logren jamás tener éxito cuando se intentan poner en marcha. Se trata de una historia de orgullo, miedo y envidia entremezcladas, una caja de Pandora que en cuanto se abre, libera los demonios de la agresión y la falta de educación (que es de lo peorsito), innegablemente seguida de la agresión entre seres humanos.
Ante las situaciones que se nos presentan y que son adversas, tendemos a ponernos vendas de conveniencia a los ojos y actuamos como unos completos imbéciles que no aceptan ningún tipo de ayuda porque "yo puedo", "yo sé hacerlo", ó el más común "para eso estudié", cerrándonos completamente a que hay personas muchísimo más especializadas y con más experiencia en el ámbito y que nos podrían enriquecer nuestro modo de vida.
Claro está, si ofrecen ayuda te van a decir "no gracias" porque "me tildas de pendejo".
Lo peor de las cosas es que tristemente, si somos unos pendejos totalmente negados, como ese dicho de que el peor ciego es quien no quiere ver.
Vamos: estoy de acuerdo en que hay situaciones en la vida en las cuales podemos y queremos hacer las cosas por nuestra cuenta debido a que es parte de nuestro aprendizaje (ehem... orgullo), queremos poner a prueba nuestra destreza, blah blah blah... pero el que ofrezcan ayuda cuando evidentemente eres un pendejo, y todavía más pendejo por no aceptar, es el colmo de la situación.
Hace poco tiempo ofrecí mi ayuda incondicional y sin ningún tipo de intención de lucro a un amigo que tenía una entrevista muy importante de trabajo (cabe mencionar que me dedico a reclutamiento y selección de personal, aunque eso es harina de otro costal); me dediqué a explicarle el porqué de muchas cosas como la vestimenta, el ser agradecido, la puntualidad y seguridad ya que este hombre es un simio total en algunas cosas. Después de tener la entrevista exitosa, de tener la respectiva amabilidad de agradecer a quien le consiguió el tiempo con este importante sujeto ("¿y por qué le tengo que agradecer?"... obviamente, lo pendejeé) y de quedar muy bien parado en cuanto a las personas con las cuales se relacionó en su visita en calidad de postulante, me dijo "nada de lo que me dijiste me sirvió".
Resultado: quien se terminó creyendo pendejo, fui yo misma.
Muchas veces necesitamos un poco de humildad, Sólo un poco, porque demasiada humildad ya es orgullo.

jueves, 11 de diciembre de 2014

2: La pérdida

Ojalá haya sido alimentado; ojalá le hayan dado también un poco de amor en sus últimos días y que no pudo disfrutar antes.

Al menos tengo la certeza de que unos días antes había salido a pasear con su otro amigo, que habíian andado felices por los alrededores, le hicieron corte de pelo, le dieron agua fresca y su sweater de Santa Claus. Lo vi el jueves por última vez, respirando pesadamente y babeando; no se movía, tenía sus ojitos cerrados pero permanecía de pie... cuando se movió solamente lo vi triste y débil. Me destrozó el corazón.

El miércoles por la mañana ya no estaba.

Hoy, tampoco.

Donde quiera que esté, espero que ya no esté sufriendo; que pueda sentir el amor de una familia, que le den comida caliente y un lugarsito donde dormir, que le hayan puesto un nombre al cual responder, que no vuelva a sentir hambre ni frío ni soledad, ni mucho menos enfermedad.

Yo voy a seguir esperando que ese sweater rojo deje de estar sobre una caja de carton; espero pronto verlo cubriendo el cuerpesito de un perrito temeroso que, aunque temeroso, logró a conocer aunque fuera remotamente lo que era tener un humano para él.

Lo siento perrito... no te pude ayudar :(

miércoles, 26 de noviembre de 2014

1: El encuentro

La verdad es que esto no se trata de una historia de amor común y corriente, aunque tampoco estaré hablando de alguna perversión. Quiero compartir una historia que recién comienza a tener lugar en mi vida, sin embargo me da miedo que vaya a tener un trágico final si no actúo con rapidez para poder lograr mi cometido: adoptar un perrito.

Podría decir que lo conocí la semana pasada,, eran más o menos las 7:47 am y la mañana estaba fría y un tanto húmeda. En una pequeña explanada al lado de la plaza de toros ví un perrito negro, sucio hasta las orejas, con pelo enmarañado y hasta excremento enredado en el pelo; es negro, no se le ven los ojos porque el pelo ya se los cubre y está hecho un costal de huesos. Estaba temblando de frío, me miró un tanto asustado pero se quedó quieto, solamente con ese movimiento involuntario de sus patitas traseras... y me partió el corazón.

Estuve pensando en el perrito todo el día, preguntándome qué había sido de él, si tendría dueño o alguna fuente más o menos certera de alimento. Lamentablemente mis respuestas siempre eran negativas al analizar la situación en la que habia visto al animalillo. 

No vi al perro en 1 día, y me supuse que -en el mejor de los casos- habría seguido vagando por las calles y se había alejado del lugar.

La segunda vez que volví a ver a ese ser peludo, fue justo en el mismo lugar y a la misma hora de una mañana igual de fría (si; paso por el mismo lugar a la misma hora). Esta vez estaba parado a media calle, con el hocico pegado al pavimento como buscando algo... y de pronto se quedaba dormido, cayendo hacia adelante y despertando inmediatamente. ¿Cuántos días tendrá sin comer nada? ¿Cuántas noches hará que no duerme? Nuevamente me miró... y me gustaría decir que era una mirada amistosa, sin embargo más bien era llena de terror y de dolor, 

Llegué llorando al trabajo (y sinceramente se me siguen escapando las lágrimas al recordar la imagen) Ahí decidí que debía hacer algo por él (o ella, no sé qué es), mi conciencia no estaría tranquila si me desentendía o ignoraba el asunto.

Esa misma tarde, cuando regresaba nuevamente del trabajo a casa, lo vi cerca de un contenedor de basura, buscando algo para comer. Quise acercarme pero inmediatamente salió corriendo; la verdad es que tuve miedo de que lo atropellaran, así que me fui pensando en que pronto debía conseguir algo de comida para él... lo que fuera, y aunque fuera un poco, pero ese animal no se podía quedar más tiempo así.

Este tipo de cosas me parecen inexplicables: veo perros callejeros todos los días, pero éste me tocó el corazón. ¿Han tenido mascotas? En caso de que si, sabrán a lo que me refiero cuando les hablo de adivinar el estado de ánimo del animal con tan solo mirarlo; es algo extraño, cuando vi a ese perrito lo percibí muy triste, y sentí un gran deseo de ayudarlo. Me pregunto por cuánto habrá pasado, hace cuánto tiempo que no come hasta saciarse o que no duerme en un lugar cálido y refugiado de las corrientes de aire; es un perro pequeño, no sé si le duele algo, ni tampoco por qué está tan asustado de la gente... tiene dos patitas blancas, llenas de rastas, y una mirada increíblemente triste. A veces los perros sonríen con sus ojitos (jaja... no, no estoy loca, pero es fácil detectar cuando un perro está contento), pero este parece a punto de llorar, tan necesitado de cariño y de un hogar.

Desde entonces cargo con un kilo de croquetas en mi bolsa y le dejo algo cuando paso cerca de ahí.

Hoy lo volví a ver. Estaba hecho bolita a media banqueta, muerto de frío (la temperatura ha bajado mucho últimamente). Me acerqué a él y me arrodillé, guardé mi distancia para que no se sintiera amenazado. Me miró muy atentamente entre esos pelos que le cubren los ojos, inmóvil y pendiente de lo que hacía; comencé a arrojarle croquetas y las comió gustoso; estuve así alrededor de 20 minutos, hablándole y dándole comida para que me relacione con cosas buenas y me permita acercarme más... soy como el Principito cuando está intentando domesticar al zorro.

Ojalá pronto esté en casa :3


martes, 29 de octubre de 2013

Bucle infinito

Cuando somos niños, todos soñamos con ser mayores; queremos ser esas personas jóvenes que vemos en la televisión o caminando por la calle, aquellas que lucen extremadamente bien en esos cuerpos esbeltos o que ya han alcanzado su mayor estatura. Las niñas queremos usar tacones y maquillaje, los niños quieren tener barba y poder conducir legalmente.Soñamos una vida llena de éxito, de estudios en al universidad, de popularidad infinita, de cientos de novios o novias que se van acumulando a lo largo de la vida, quizás ser cantantes o actores o tener todo el éxito obtenido.

Luego llegamos a esa edad que tanto esperamos, y nos damos cuenta que no es cierto todo lo que esperamos que cambiaría de un momento a otro... como cuando decían que en el año 2000 las casas serían super inteligentes o los cohces volarían, y esta afirmación la dieron el 30 de diciembre de 1999. Nos percatamos que hemos estado repitiendo un ciclo medianamente similar desde que éramos pequeños, aunque existan diferencias marcadas entre la vida de cada individuo, pero al final son pocas las personas que lograron el éxito esperado cuando eran niños... mientras que los demás nos seguimos esforzando por alcanzar objetivos que así como se ven más cecas que antes, parecen más lejanos que ne cualquier punto de nuestra vida.

Deseamos entonces no llegar a viejos, tener más tiempo y energía para lograr los objetivos; que el cerebro nos siga funcionando como hasta ahora, que las enfermedades del corazón y que también padecían los abuelos no se hagan presentes en nosotros, ni tampoco que tengamos algun accidente repentino que termine con nuestras vidas. Queremos hacer lo más posible en el menor tiempo esperado; el mundo se transforma en una especie de bocadillo, de esos que dan en los grandes banquetes y que son deliciosos, pero de lo cual nos percatamos hasta que lo hemos devorado de un solo bocado sin darnos tiempo de saborearlo antes. Nos afanamos en hacer mucho, más, mejor... ¡Saber, saber, producir, comprar, tener! pero que la vida no siga su curso, que el tiempo se detenga y nosotros podamos vencer a la vejez.

Y después, cuando menos nos percatamos, somos esos ancianos de ojos cansados, manos ásperas y piel arrugada que se resguardan debajo de los árboles del parque, dando de comer a las aves y apreciando la manera en que éstas se comportan. Somos los ancianos que no queríamos ser, los que han ahora meditan acerca de su vida perdida entre estudios y estupideces que no le sirvieron para nada, dejando de lado cosas importantes; seremos los ancianos que mirarán al pasado y añorarán el abrazo de mamá o las convivencias con la familia, derramarán lágrimas al recordar amigos, viajes, tiempo desperdiciado en saber y conocer, y se reprochará a ´si mismo no haber tenido más tiempo para admirar so atardeceres, para mojarse con las lluvias del verano o caminar en el campo en compañía de los buenos amigos; desearán haber sembrado un árbol y cuidarlo hasta ver a qué punto podía llegar a crecer, ver con sus propios ojos aquellas cosas que fueron tan obvias en los libros y cotidianas en la vida que se les dejó de prestar atención. 

Entonces, desearán volver a ser niños y vivir su vida de la forma en que ahora desean.

Y se comenzará de nuevo el viaje en un bucle infinito.

lunes, 14 de octubre de 2013

Vida... libre

Un día voy a dejar el miedo de lado, también los prejuicios y las presiones sociales. Voy a dejar de hacer las cosas que hasta ahora siempre me habían dicho que “debía de hacer” y comenzaré a hacer las cosas que realmente quiero.

Buscaré emociones fuertes, corriendo a 200 km/h en una autopista de Alemania; viajaré por todo un país valiéndome solamente del dedo pulgar y sobreviviendo de lo que pueda hacer con mi talento y mi habilidad. Conoceré gente, escribiré historias sin final ni principio para personas a las cuales jamás volveré a ver; dejaré caer máscaras ante la sociedad, y le diré a la persona que más mal me cae que es un hijo de puta y que puede irse a chingar a su madre. No me importará su reacción, no me importará lo que la gente piense de mí, si pasa o no tiempo conmigo, si prefieren juntarse entre amiguitas de la preparatoria para pintarse las uñas, ponerse mascarillas y contar los chismes acerca de las intimidades de cada una pues yo pasaré el tiempo buscando mi propio destino, aprovechando los segundos viendo cosas que nadie, desde la comodidad de su sofá y debajo de una manta calientita imaginaría siquiera que existen.

Gritaré mi nombre en Machu Pichu, lo gravaré a punta de cincel en la Patagonia, nadaré desnuda en las costas de Australia y haré una y otra vez el amor en algún rincón escondido de Praga. Dejaré de lado los títulos universitarios, la educación, el futuro que alguna vez quise y que quizás pueda haberlo alcanzado para ese entonces… pero no lo dejaré porque ya no lo quiera, porque no quiera continuar más con eso, sino para probar el sabor del peligro, de lo arrabalero, del mundo que permanece oculto ante nosotros simplemente porque nos negamos a observarlo. Quiero protestar contra cualquier cosa en San Francisco, adoptar un perro en Montreal, apadrinar a un niño en México y abrazar a otro más que padece en África, hasta crear arte sin que yo misma sea una artista.

Quiero que mi vida sea marcada por un sello inigualable, mío, propio, Aydee de actos y no de palabras, Aydee de hechos y no de pensamientos… Aydee de libertad y alas extendidas, no de jaulas mentales.


jueves, 5 de septiembre de 2013

De maestros, alumnos... y lo echado a perder de la sociedad.

Si quieren que sus hijos triunfen, comiencen a educarlos desde casa, enseñándoles cosas básicas como obedecer, poner atención y respetar a los demás.
A pesar de que no soy maestra, por cuestiones de servicio social me ha tocado cubrir grupos sin maestro, todos de secundaria, y aunque todo ese rollo de la edad, la personalidad y las hormonas tiene algo de razón, no es justificación completa para lo groseros y maleducados que son muchos niños. No generalizo, claro está, porque también hay estudiantes muy dedicados y respetuosos, a los cuales incluso hasta da gusto ayudarlos a aprender, pero a muchos niños ganas me dan de agarrarlos a cachetadas.
Día con día, todos soportamos el despotismo y la vagancia (por no decir huevonada) de los muchachos: interrumpen, gritan, hacen señas obscenas, nos dicen groserías en nuestra cara, nos dicen que nosotros no somos nadie, que no nos harán caso, y después ponen su cara de mosca muerta cuando se les manda llamar a los papás, papás que por cierto siempre les protegen diciendo que sus hijos son unos angelitos aunque ellos mismos saben que fueron paridos por el mismo satanás. Y por si fuera poco, los papás todavía quieren que los maestros ni toquen a los alumnos (si, son intocables), y exigen que hagan su albor de "educarlos".
En palabras de un profesor: los maestros somos formadores, no educadores. Y es que es cierto: la educación es da en casa, ahí se deben inculcar y poner en práctica los valores, y dejar que los maestros enseñen matemáticas y español y física, porque para eso estudian y ese es su trabajo. Los papás últimamente se lavan las manos, se justifican bajo ese concepto estúpido de que la escuela va a formar a sus hijos como personas exitosas, cultas, excelentes… cuando ni siquiera los ellos son capaces de inculcar en sus hijos el sentido de la responsabilidad, el esfuerzo, el trabajo duro y/o en equipo.  Los niños crecen en un ambiente donde todos se gritan y se humillan, donde el que tiene que conseguir algo sólo necesita pedirlo o tomarlo de alguien más sin permiso, donde se limitan a sentarse frente a una computadora y buscar en internet alguna duda estúpida en lugar de investigar durante horas en varios libros; los hacen sentir reyes de la casa, intocables, superhéroes que jamás podrán ser derribados por nadie más, y solamente se les hacen ver sus derechos pero no sus obligaciones. Se vuelven mantenidos, egoístas, inútiles…. Talento desperdiciado.
Lo peor del caso, es que este tipo de situaciones no las he visto solamente en secundaria, sino que también las vivi EN LA UNIVERSIDAD.
Conviví con compañeros de todo tipo, personas que no podían guardar silencio mientras estábamos en plena clase, personas que para todo tenían que salir con una pendejada sin sentido queriendo hacer un chiste (que no tenía chiste), personas que faltaron a sus tareas por pura huevonada y que después se les hacía fácil decirle a algún compañero “pásame la tarea, al cabo le cambio poquito”, e incluso otras personas que llegaron a ponérsele al brinco a los maestros nada más porque no les pareció la calificación que les puso al final. Conocí personas que tuvieron los huevos (aunque se oiga feo) de presentar como propio un trabajo práctico de psicología que fue bajado de internet (y ante una maestra con años de experiencia en el ramo); personas que no es tomaban en serio las clases y que en lo único que pensaban era en las fiestas y en tomar, y lo más delicado: personas que se tomaron a la ligera el trabajo terapéutico, siendo irresponsables con sus pacientes.
Y eso que se supone que somos una de las generaciones aún rescatables de la educación en México.
Yo jamás fui perfecta, y también tuve fallos en los estudios. Durante muchos años le respondí mal a algunos maestros nada más porque me caían mal, y fui grosera con otros tantos porque me había enojado mucho… pero siempre procuré ser una buena estudiante, y cumplir con todos mis trabajos. Siempre estuve consciente de que tenía responsabilidades en cuanto a mis estudios, y si no hacía las tareas no intentaba justificarme con estupideces. Si una clase me parecía aburrida, puede que no le pusiera atención pero al menos procuraba no interrumpir: mandaba papelitos a otra persona distraída, e incluso hasta me quedé dormida en clase, pero procuraba que mis acciones no perjudicaran a nadie más.
Todo lo anterior, porque me enseñaron valores en mi familia.
Lo lamentable del asunto es que esos hijos de la chingada que están en las aulas, mañana estarán en abundancia y con descendencia en las calles.
Lo rescatable del asunto es que hay hijos de la chingada que podrán cambiar, reivindicarse, y mañana estarán en abundancia y con descendencia en las calles.

Lo  bueno del asunto es que hay hijos que no son de la chingada y que mantendrán el equilibrio en la sociedad.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Redes Sociales

Tengo facebook, al igual que la gran mayoría de las personas que conozco. Lo uso ocasionalmente para publicar tonterías, pensamientos sin sentido, quejas injustificadas (que se me dan mucho), fotografías que me parecieron curiosas, artículos de interés, entradas de un blog que nadie lee... cosas vanales, como se les podría nombrar, y es que no le veo sentido a ventilar mi vida íntima y que todo el mundo lo sepa.

Muchas personas, con tal de obtener muchos "likes" o comentarios en sus publicaciones, no miden las consecuencias de las mismas: suben fotografías de ellos mismos en poses sexuales, poca ropa, intentando dar a los demás una imagen de "chic@ sexy" y así ganar muchos likes, como si los mismos fueran sinónimo de popularidad real. Así mismo, suben fotos de niños pequeños, habiendo muchísimos pedófilos merodeando por ahí; suben fotos de sus familias, la casa, el auto, últimas adquisiciones, zapatos, anillos, y los no menos importantes cafés de media tarde, comida (con filtro incluído) y últimamente el recién agregado estado de ánimo... santo y seña de dónde están, arriesgando que en un país como el nuestro, con secuestros a la orden del día, sean ellos las próximas víctimas.

¿Y tu privacidad, usuario?

O mejor aún... ¿y tu calidad de humano sociable?

Viviendo tan apendejados (porque no hay otra palabra) en el internet, nos alejamos de las personas que están más cerca de nosotros. Eso si, nunca falta el mensajito de amor y felicitación a la madre/padre en su cumpleaños (y que el respectivo destinatario no tiene facebook), el abrazo virtual, el pensamiento positivo copy-pasteado de otro facebook o de google buscando "frases de...", el mensaje al amigo/familiar muerto...

Eso si, todo lo anterior fuera de las redes sociales es lo contrario: el aislamiento de la familia y las reuniones sociales por estar pegados en la lap/celular/tablet, el constante reto a las autoridades como son los padres, con su poderosa e infaltable dosis de groserías, gritos, desvalorización e incluso hasta golpes; la ignorancia hacia el amigo que pasa por momentos difíciles, o incluso el hostigamiento en base a ese tema antes que extenderle una mano de ayuda, las caras amargas en la calle, las mentadas de madre a los conductores, las críticas y caras de repugnancia al minusválido... y de los difuntos, prefiero citar a Jaime Sabines:

Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos
porque te quise a tu hora, en tu lugar preciso
y harto sé lo que fuiste, tan corrientem, tan simple
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.

Hubiera seguido con la entrada, pero prefiero dejarla hasta aquí, a la imaginación de los pocos lectores que pasarán por éstos rumbos y con la finalidad de que cada uno piense si quiere vivir la "vida de estrella": ajetreada, ante la vista pública, sin secretos ni intimidad... o si como muchos otros, queremos vivirla plenamente y en tranquilidad.

Paz, hermanos.

viernes, 2 de agosto de 2013

Travesía de la tristeza

Poco a poco veo cómo mis sueños se vuelven cada vez más lejanos, quizás imposibles de alcanzar; quiero pensar que todo lo que está sucediendo es temporal, que tuve la mala suerte de que todo se juntó en el mismo lapso de tiempo, y que por ello es que estoy tan sacada de onda y desorientada en un mundo que, hasta ahora, lo veo pero como si estuviera yo dentro de una jaula.

La libertad podría ser mi única opción, el motivo por el cual sigo adelante; a veces quisiera que solamente fuera suficiente con decir que haré tal o cual cosa, que las cosas que pienso salieran exactamente como lo he planeado, como me lo esperaba. Ojalá muchas veces no tuviera que esforzarme tanto en cosas que al final parecen sin sentido...

Mi mamá está a mi lado y se me ha quedado mirando de una forma muy rara. La verdad es que no me gusta cómo me mira, no me gusta cómo me juzga sin decir ni una sola palabra, ni tampoco cómo es que desvaloriza cada acción que realizo, cada palabra que digo, cómo mantiene al margen de sus propios intereses mis opiniones e inquietudes con respecto a mi propia vida. A veces me pregunto si quiere que sea la persona que nunca fui, el niño que esperaba tener pero que al final le salió sin pene y con pechos que se desarrollaron mucho tiempo después; a veces me pregunto si las expectativas que tiene de mi vida es que estaré a su merced... porque me parece que así fuera, que está esperando que haga lo que quiere siempre, tal como hasta ahora lo he hecho. A final de cuentas, me pregunto si voy a cargar con algo que no me corresponde, como siempre lo he cargado hasta ahora.

He sido juzgada desde siempre por mis ideas, mis pensamientos, mis sueños, mis acciones, mis palabras, mi aroma, mis costumbres, mi forma de vestir y de peinarme, la forma en que me maquillo, la carrera que decidí estudiar. He sido burro de carga de los errores de los demás, las tardanzas, los descuidos, los accidentes, las enfermedades, la culpa y la vergüenza ajena... como si a mí me importara mucho lo que los demás piensen de mí. He sido juzgada por mi propia familia como estúpida, inútil, huevona, lesbiana, resbalosa, puta, cualquiera, vergüenza para la familia... loca por querer hacer algo distinto a los demás, por quererme elevar y revelar diciendo que no quiero permanecer en la mediocridad y el conformismo, que quiero ir más allá, que no quiero casarme ni tener hijos pronto, que quiero viajar, que quiero independizarme, que quiero ser yo.

Y sin más, al final... ¿qué hay? Desgaste emocional, tristeza, fatiga, anhelo, sueños que se ven cada vez más lejos; deseos de partir, de volar, de ser quien quiero ser, de mandar todo a la chingada y decirles que se pueden meter las opiniones por donde mejor les quepan... deseos de demostrar que puedo hacer lo que quiero, a pesar de sus constantes ofensas y desvalorizaciones.

Pero luego, regreso a la realidad. Sentada ante la laptop, me dedico a escribir lo que quisiera, a tolerar las represalias, los disgustos, a cargar las culpas que no me corresponden.

A veces, mis sueños se ven tan lejanos...